No estamos viviendo un sueño bizarro. Cuando despertemos, los precios altos de los alimentos?seguirán ahí.

Se acabó la era de los alimentos baratos, dijo en el Foro de Davos 2010 el Presidente mundial de Nestlé. En ese momento, el comentario se perdió en una catarata de pronósticos pesimistas. El mundo estaba tratando de asimilar las lecciones que trajo la crisis financiera y ver hacia delante en medio de una densa niebla. Había más atención a fenómenos como las hipotecas chatarra o el riesgo de quiebra de algunos bancos que parecían supersólidos en el 2006.

Las cosas no han cambiado mucho. El gran tema sigue siendo el sector financiero, aunque ahora hablamos del riesgo de impago de países que hace apenas dos años parecían muy ricos. Los bienes agrícolas y los alimentos siguen generando noticias, aunque no atraen la atención máxima, sino por unos momentos cada año. En México, nos ocupamos del precio del huevo, como lo hicimos de la tortilla en el primer semestre del 2008. El huevo es mucho más que el producto de la gallina, es casi una metáfora. En él se incuban riesgos sanitarios y de mercado. Se manifiesta la incompetencia de las autoridades y la voracidad de los especuladores.

La crisis del huevo nos pone los pies en la tierra. No todos los problemas vendrán de Europa ni del sector financiero. Nos recuerdan que los precios de los alimentos viven una fiebre de precios altos. Lo dicen las cotizaciones del mercado de futuro de Chicago, referencia mundial del valor de la producción del sector primario. El maíz vale 30% más que en junio y registra máximos históricos.

La soya está 60% arriba de su cotización de diciembre del 2011. Su cotización importa porque es un producto de referencia para la cadena de alimentación animal. El trigo ha subido casi 50% de junio a la fecha y seguirá subiendo.

No estamos viviendo un sueño bizarro. Cuando despertemos, los precios altos de los alimentos seguirán ahí. El desorden climático está afectando la producción. Del lado de la demanda, tenemos cientos de millones de consumidores en Asia que han cambiado sus hábitos alimenticios en la última década. No hemos visto sino las primeras escenas de la película. Se trata de un cambio de época , dice Gustavo Gordillo, economista mexicano que ha sido funcionario de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y también participó en el gabinete del campo en el sexenio de Carlos Salinas.

Las condiciones que sostienen el alza en los precios son estructurales, dice Francisco Mayorga Castañeda, secretario de Agricultura federal y uno de los mayores conocedores del campo en México. Debemos prepararnos para una nueva realidad . Pasar de un escenario de bajos precios que duró cinco décadas a una nueva realidad donde hay precios altos obligará a hacer grandes cambios institucionales en México, postula Mayorga.

El gobierno federal y los gobiernos locales diseñaron una política hacia los productores que consistió en compensar los bajos precios, explica Mayorga. Eso se acabó: el gobierno puede dejar que el mercado haga su trabajo y concentrase en un nuevo rol y generar aquellos bienes en los que ningún particular tiene incentivos o capacidad para hacerlos: investigación, infraestructura y un marco jurídico legal para que se muevan los actores en condiciones de máxima competencia y equidad.

El campo no necesita más dinero público, sino un nuevo arreglo institucional, ¿estaremos viendo todos la misma película?

lmgonzalez@eleconomista.com.mx