El martes 4 de abril falleció Giovanni Sartori, uno de los referentes ineludibles para el estudio de múltiples aristas presentes en los modelos actuales de democracia. En 1976 publicó su primera versión, ya como libro, de Partidos y Sistemas de Partidos, texto que comenzó a perfilar en los 60 aunque evolucionó con actualizaciones y agregados considerables. Cuenta al respecto el profesor Peter Mair, en su introducción a la última edición que hay de esa obra (2005), que Sartori tenía listo otro manuscrito con fichas y apuntes del volumen II, el complemento a tipologías de partidos que siguen siendo utilizados por la academia para entender su papel, su comportamiento en entornos democráticos y no democráticos. Ese volumen se perdió por completo cuando robaron el auto donde estaba la carpeta original y jamás pudieron recuperarse aquellos papeles inéditos que habrían significado un aporte profundo en su tiempo, según Mair, a la nueva realidad de alianzas y gobiernos de coalición que a finales de los 70 comenzaba a debatirse con mayor intensidad y el teórico italiano había abordado, seguramente a profundidad.

A finales de los años 90 era muy comentada su crítica a la televisión en el Homo videns, donde reflexionaba sobre efectos del reino de la imagen que simplifica, incompatible en su opinión con la capacidad de abstracción y procesos cognitivos que demanda el conocimiento racional en democracia.

En esos tiempos algunos debates parecían focalizarse sólo en la sociedad teledirigida de la que habló ahí y no en la dimensión completa de su visión. Sartori no era un detractor de los medios, de lo que se ocupaba era de la democracia, y en ella tienen efecto los partidos, los medios, la interacción de las competencias electorales. Su tema eran las complejidades de la democracia representativa y logró ordenar y provocar el debate como pocos.

Puso a prueba la capacidad de síntesis para él mismo dar 30 lecciones de democracia en la televisión pública de Italia. Decía ahí que nuestras democracias son en realidad democracias liberales, llenas de mediaciones, representativas; a diferencia de la democracia antigua (sin Estado) que en Atenas tomaba decisiones por aclamación de 2,000 o 3,000 asistentes para una comunidad de 35,000. Sobre aquella concepción clásica de democracia directa en las plazas públicas Sartori recordaba que engendró sociedades divididas entre vencedores y vencidos, mientras que la democracia moderna, con todos sus defectos, permite que nadie gane todo y nadie pierda del todo. Yo diría que es mejor , ironizaba.

No sólo escribía libros extensos, publicaba regularmente en el periódico Corriere della Sera y en septiembre del 2014 se despidió con toda lucidez de sus lectores en un artículo que tituló El eclipse del homo sapiens , donde volvió a referirse a los medios, incluyendo ahora a las redes, como elementos que reducen la capacidad de abstracción si asumimos que lo que no se ve ahí no existe. No dudó en reprochar con humor las contradicciones de la iglesia frente a los métodos anticonceptivos o el modelo económico de especulación financiera en ésa, su despedida: En este mi último escrito, con la fortaleza de mis 90 años, intentaré recordar algunos de los acontecimientos que viví .

Ninguna democracia se sostiene con un solo partido y en las tipologías sartorianas no hay sistema si no hay partidos competitivos (hablaba de bipartidismo, pluralismo moderado o polarizado, entre otras categorías).

Antes de la primera alternancia que se registró en nuestro país en el 2000, Sartori reconocía avances en las condiciones de competencia para partidos políticos mexicanos. En 1993 afirmó: Por naturaleza no soy optimista, pero sobre el futuro de México sí lo soy .

Nació en Florencia en 1924 y en esa su última colaboración publicada cerró: El llamado siglo corto ha sido cortísimo . Así fue.

*Consejero electoral del INE