El sargazo amenaza la viabilidad del turismo en Quintana Roo. Por tanto, también amenaza a la economía nacional. Esto, además de su impacto existencial sobre ecosistemas costeros, como es el caso de los arrecifes coralinos, y sobre diversas especies de fauna y flora marinas. Sin embargo, el gobierno federal soslaya el problema, lo minimiza, o intenta ignorarlo. Se trata de una irresponsabilidad inaceptable. Téngase en cuenta que Quintana Roo recibe anualmente más de 16 millones de turistas, que representan alrededor de 40% de todos los visitantes extranjeros a nuestro país. El sargazo inutiliza playas y destruye un estratégico activo ambiental o capital natural, escénico y paisajístico del cual depende el turismo de sol y playa (el tipo de turismo fundamental que concurre a Quintana Roo). Cientos de miles —tal vez millones— de empleos están en riesgo, así como uno de los componentes más dinámicos de la economía nacional.

El sargazo es un problema de biología y de ecología marinas, que determinan su origen, fisiología y reproducción, y de oceanografía, en cuanto a las corrientes marinas que influyen en su distribución en el océano Atlántico y en el mar Caribe. Recordemos que el sargazo surge y se reproduce en el Atlántico ecuatorial entre las costas de África occidental y el nordeste del Brasil. Su presencia en la región es histórica, sin embargo, en los últimos años se ha registrado una verdadera explosión reproductiva. Conjeturas científicas informadas suponen que las causas están asociadas con la deforestación en las cuencas del Amazonas y del Orinoco, al igual que en cuencas de ríos africanos, lo cual incide en un aumento en el transporte de sedimentos y nutrientes hacia las aguas oceánicas. Por otro lado, se supone que el uso creciente de plaguicidas y fertilizantes en actividades agropecuarias y su escurrimiento hacia el mar provoca altas concentraciones de nitrógeno y fósforo, lo que a su vez eutrófica (fertiliza excesivamente) las aguas marinas y promueve la reproducción y crecimiento del alga. Otro factor son fenómenos de surgencias de nutrientes desde el fondo del mar hasta aguas superficiales en las costas de África occidental vinculadas a la rotación de la tierra, a corrientes marinas y a fenómenos de transporte litoral. No está claro que una mayor temperatura del agua juegue un papel relevante en el problema, aunque sí hay una sospecha fundada de que en todo ello está implicado el calentamiento global.

La corriente del Atlántico ecuatorial fluye hacia el noroeste y entra directamente al Caribe, convirtiéndose entonces en la Corriente del golfo. Como es fácil observar en un mapa, las costas de Quintana Roo son la barrera continental natural en la cual recala una gran parte del sargazo en este proceso oceanográfico. Y las consecuencias están a la vista; la experiencia de turistas, especialistas, autoridades locales, e innumerables fotografías circuladas en medios y redes sociales hablan de la magnitud de la catástrofe. Un detalle importante es que las grandes “balsas” de sargazo ofrecen sombra, refugio y soporte a innumerables especies marinas, por lo que debajo de ellas se concentra una importante biodiversidad. Desde luego es un problema regional y multinacional, que requiere de una acción colectiva urgente, y por supuesto, del liderazgo de México en el concierto de distintas naciones del Caribe, Centroamérica y de los propios Estados Unidos. No obstante, el gobierno mexicano ha escondido la cara, e incluso desdeñado foros internacionales convocados al respecto, por un falso pudor, y más por incuria, incompetencia y desinterés. México carece de una autoridad federal técnica, regulatoria, de planeación y ordenamiento de oceanografía e infraestructura en mares y costas; somos un país ajeno a una indispensable cultura marítima. (La Secretaría de Marina está a cargo de la seguridad, vigilancia y aplicación de la ley, así como de las capitanías de puerto desde hace un par de años).

Es imperativo que el gobierno asuma el problema, particularmente, que Semarnat salga de su escondrijo indigenista-comunitarista y ofrezca liderazgo y conocimiento. Es indispensable la creación de una Comisión Nacional contra el Sargazo integrada por los mejores biólogos y ecólogos marinos, oceanógrafos e ingenieros especialistas en obras marítimas para generar un diagnóstico cabal, y proponer soluciones técnicas y de ingeniería, de diseño, construcción y operación de sistemas de contención en alta mar del sargazo, así como de su aprovechamiento, con el menor impacto ecológico posible. (Lo más viable parecería tal vez su recolección en alta mar a través de barreras flotantes y grandes embarcaciones diseñadas ex profeso, y su uso como combustible en una gran planta termoeléctrica). La logística sería compleja, y el costo muy elevado, del orden de varios miles de millones de dólares. El gobierno de México debe lanzar la convocatoria para una acción colectiva multilateral en este sentido. La visión sería la integración del conocimiento científico, de la ingeniería y la técnica, de la formulación y evaluación de proyectos, las finanzas, y el diseño de políticas públicas para desarrollar una solución ambiental, técnica y financieramente viable. Por desgracia, sabemos que esto no forma parte de los reflejos, ni códigos de actuación, ni de las capacidades del actual gobierno. Esperemos, también en esto, lo peor.

GabrielQuadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.