Esto es un circo de tres pistas. En la primera, las calificadoras rebajan las notas de los bancos de operación global como el Deutsche Bank y Santander por su elevada exposición al deterioro de los bonos soberanos que tienen en su poder

Y por la crisis económica que enfrenta el país donde operan las matrices bancarias que acota su capacidad de hacer negocio

En la segunda pista, Deutsche Bank se encuentra en la antesala del mayor escándalo desde las subprime de Estados Unidos, ahora, por la manipulación de la tasa interbancaria Libor

Y en la tercera pista, la revista británica especializada Euromoney distingue a ambas instituciones financieras. Santander como el mejor banco minorista del mundo y el Deutsche Bank, como el más destacado banco de inversión global.

La Libor del escándalo

Diariamente, Thomson Reuters, que es la matriz de la agencia de información Reuters, realiza un sonde en nombre de la Asociación de Banqueros Británicos sobre el premio al que tendrán que pedir prestado dinero en el interbancario, en 10 divisas.

El promedio de este sondeo fija el precio de la tasa Libor, que es la abreviatura de la London Interbank Offered Rate de Londres, una medida del costo de los préstamos interbancario y que es referencia para las tasas de interés de todo el mundo.

La controversia de esta tasa comenzó cuando el banco de inversión Barclays pagó 453 millones de dólares en un acuerdo extrajudicial con autoridades reguladoras de Estados Unidos y Reino Unido tras admitir que manipuló cifras entre los años 2005 y 2008 para beneficiar sus posiciones de negociación.

Manipulación en la que reconocieron sus operadores, estaban confabulados con sus similares de otros bancos globales.

Con la misma piedra

El nudo del asunto, es que entre fines del 2007 y principios del 2009, Barclays presentó cifras Libor artificialmente bajas, para evitar el castigo del mercado y que los inversionistas no cuestionaran su estabilidad.

¿Les suena conocido el lapso del 2007 al 2009? ¡Correcto! La burbuja de las hipotecas subprime y su riesgo repartido en vehículos de inversión colocados por los bancos de inversión. Instrumentos financieros de dudosa procedencia, compleja construcción, difícil entendimiento para las calificadoras que sin embargo les dieron máxima nota de inversión y que fueron diseminadas en todo occidente, como bombas de tiempo que han ido activándose poco a poco.

No puedo evitar pensar en lo que me contestó Mark Mobius, el legendario inversionista de Templeton Asset Management y reconocido operador de recursos en mercados emergentes de Franklin Templeton, cuando le pregunté si el mercado aprendería la lección de la crisis del 2008.

Me respondió que no. Que la aversión al riesgo pasaría como pasa la resaca tras una borrachera y que más temprano que tarde, los agentes financieros volverían a enfiestarse para hacer un nuevo crack. Así ha sucedido desde la Gran Depresión del 29, me respondió el primero de marzo del 2009.

Y por lo que está pasando en los grandes bancos globales, parece que tenía razón.