Las malas noticias no dejan de producirse, y en esa cosecha se ubica que el presupuesto del aeropuerto en Santa Lucía ha aumentado 11.7 por ciento.

Me pregunto cuál será el costo de oportunidad para esa cantidad en la forma de viviendas de interés social o de nuevas escuelas.

Contra mi voluntad, empiezo mal esta semana con la noticia de que un juez devolvió todos sus bienes incautados a la controvertida maestra Elba Esther Gordillo. Abrigo la sospecha, como la inmensa mayoría, sobre el origen ilegítimo de todas esas riquezas que ahora se están devolviendo. Y también advierto, como casi todos en este desventurado país, la gran incongruencia de esa decisión judicial con la supuesta campaña que ha abanderado la actual administración de la cuarta transformación para erradicar la corrupción en México.

¿Será cierta o tan sólo puro jarabe de pico, como parece?

Pero la mata de las malas noticias no deja de producir sus frutos. Y claramente, en esa indeseable cosecha se ubica el reportaje aparecido aquí en El Economista el día de ayer con respecto al incremento del costo presupuestal para el aeropuerto en Santa Lucía.

Según noticias, ese incremento asciende a 11.7 % del presupuesto por la bonita suma de más de 10,000 millones de pesos. Me pregunto cuál será el costo de oportunidad para esa cantidad en la forma de viviendas de interés social o de nuevas escuelas. ¡Porque los recursos públicos, que son inexorablemente escasos, siempre tienen una utilización alternativa!

Es normal que en cualquier proyecto de construcción haya incrementos de presupuesto por factores imprevistos, eventualidades, aumentos de precios sorpresivos. Toda persona con un poco de experiencia en la materia lo sabe.

Pero lo que no aparece de manera explícita en el reportaje citado, aunque se intuye de su lectura, es el carácter de improvisación, de proyecto parchado y subóptimo que presenta la totalidad del llamado pomposamente Sistema Aeroportuario del Valle de México, que incluye a sus unidades correspondientes en Toluca, la ciudad capital y la nueva en Santa Lucía. En suma, el panorama no es halagüeño.

BrunoDonatello

Columnista

Debate Económico