El 18 de mayo conmemoramos el 100 aniversario del nacimiento de Karol Wojtyla. En él, la providencia le dio al mundo una luz que brilló intensamente en un siglo complejo y violento; una vida en la que Dios quiso que se manifestaran sus obras para que creamos y confiemos más, pues como dijo Juan Pablo II: “Dios siempre puede más”.

El sufrimiento humano es un misterio difícil de comprender. El momento que vivimos desde el confinamiento por el Covid-19 nos hace cuestionarnos y cuestionar muchas cosas. Si algo he aprendido en estos días, es que hay tres realidades perfectas en las que tenemos que confiar: los tiempos, los caminos y la voluntad de Dios son perfectos.

La vida de san Juan Pablo II fue y es luz en medio de la oscuridad del mundo en donde el miedo nos paraliza, nos confunde y nos hace perder el rumbo. Dios permitió que la vida del pequeño Karol en Polonia se convirtiera en testimonio capaz de seguir iluminando nuestras vidas, 100 años después.

Su infancia estuvo marcada por el dolor y la pérdida: su madre, su hermano y su padre. Sufrió los horrores de la Segunda Guerra Mundial y la maldad absoluta del socialismo. Fue testigo del dolor que provoca la pérdida de la libertad, que hoy vuelve a estar bajo seria amenaza. A pesar del sufrimiento, nunca dejó de creer y confiar; se aferró a la cruz y en ella su fe creció y se fortaleció. Desde muy joven se adentró en el misterio de Dios, entendiendo que es precisamente la cruz el mayor símbolo de nuestra esperanza y redención. Ahí encontró el sentido y propósito de su vida y su legado.

Todo lo que vivió fue una preparación para el momento culminante de su vida: su pontificado, uno de los más grandes y revolucionarios en la historia. Como sucesor de san Pedro, sacudió a la iglesia y al mundo llevando la luz del Evangelio a todos los rincones del planeta. Sabiendo de nuestra fragilidad humana, desde el primer momento nos exhortó: ¡No tengas miedo! Cuánto necesitamos hacer vida estas palabras.

Su espíritu y fe inquebrantables fueron motor para derrotar al comunismo y contribuir de manera definitiva al colapso de la Unión Soviética. Las enfermedades y los atentados no pudieron callarlo ni detenerlo, pues en él Dios nos recordó que no hay poder humano que pueda contra su voluntad.

Es la libertad del hombre que elige a Dios y confía en sus tiempos, sus caminos y su voluntad, la que permite que la providencia intervenga una y otra vez en nuestra histroria para renovarnos y salvarnos. El 3 de mayo del 2000, Dios me concedió la gracia de saludar y recibir la bendición del hombre y pontífice que marcaría mi vida para siempre. Años más tarde, Stanislaw Dziwisz, cardenal de Cracovia, nos recibía en su despacho en el Palacio del Arzobispado en Franciszkańska 3 de donde algún día salió Karol para volver como Juan Pablo II.

La vida de san Juan Pablo II sigue dando muchos frutos a 100 años de su nacimiento y a 15 años de su regreso a la casa del padre. Porque como él dijo: “El amor vence siempre. Como Cristo ha vencido, el amor ha vencido. El amor vence siempre, aunque en ocasiones, ante sucesos y situaciones concretas, pueda parecernos impotente. Cristo parecía impotente en la cruz, pero Dios siempre puede más”. Gracias, san Juan Pablo II, por tu vida y testimonio que hoy brillan durante la tormenta que atravesamos. Gracias por llamarnos a ser luz del mundo y enseñarnos a tener siempre abiertas las puertas de nuestro corazón al amor transformador de Jesucristo.

Hoy, en un mundo que sufre enfermedad y pérdida de libertad, queremos seguir tu ejemplo. Te pedimos que intercedas por nosotros para crecer en la fe, en la esperanza, en el amor y para luchar, como tú lo hiciste, hasta vencer con Cristo. San Juan Pablo II, ruega por nosotros. Totus Tuus.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.