De salirse Salvini con la suya para encabezar un nuevo gobierno en Italia, la UE, sin aún haber solucionado el Brexit, podría encontrarse con un Italexit en toda regla. De ahí que sea clave retrasar lo máximo posible las elecciones en Italia para evitar que Salvini logre ya una victoria aplastante.

La semana pasada nos encontramos de manera inesperada con que Matteo Salvini, líder de la Liga italiana y vicepresidente del gobierno, decidía abandonar la coalición que integraba desde hacía poco más de un año, al tiempo que exigía la celebración de elecciones anticipadas, a pesar de que a la actual legislatura le quedan más de tres años de duración.

Salvini ha tomado esta decisión por dos razones fundamentales: la primera es porque la coalición de centroderecha está en su nivel de apoyo más alto desde el 2008 (50.6% de los votos, según una encuesta de Ipsos), y la segunda es porque tiene en el horizonte dos contenciosos con la Justicia italiana (una multa de casi 50 millones de euros para su partido, por un lado, y el turbio asunto de la financiación irregular de la Liga por parte del gobierno ruso con motivo de las elecciones europeas, por otro).

Sin embargo, parece que no se lo van a poner tan fácil al líder de la Liga, ya que son varias las formaciones (sobre todo el Movimiento 5 Estrellas) o personas (el ex primer ministro Matteo Renzi) las que no tienen ningún interés de ir a elecciones de manera inmediata.

Salvini ha decidido presentar una moción de confianza contra el primer ministro (Conte), a este sólo le va a apoyar su partido (Movimiento 5 Estrellas), que está en minoría en el Senado, lugar en el que se debatirá la moción.

El problema es lo que sucederá después, ya que existen dos posibilidades: o convocar elecciones anticipadas o nombrar una suerte de “gobierno institucional” avalado por el presidente de la República. Un gobierno que tendría una única función: además de gestionar las cuestiones de carácter ordinario, debería elaborar y aprobar unos Presupuestos Generales del Estado que fueran remitidos a las autoridades comunitarias el 15 de octubre como plazo máximo y, una vez contaran con el “visto bueno” de la UE, ser ratificados por el Parlamento italiano.

Aquí es precisamente donde está el centro del asunto, en que, en principio, deben hacerse unos presupuestos completamente nuevos con respecto a los aprobados en el otoño del 2019, ya que deben ajustarse al pacto de estabilidad en relación al techo de déficit y deuda, algo que Italia lleva años incumpliendo sistemáticamente. No debemos olvidar que la nación transalpina es, con diferencia, la más endeudada de toda la eurozona: su deuda sobre el PIB nacional se encuentra ya en 133-134%, cuando la española, por ejemplo, está en 98 por ciento.

Debe recordarse que Italia ha estado, en el último año, dos veces a punto de ser sancionada por la Comisión Europea por exceso de deuda.

Lo cierto es que nadie sabe lo que puede ser de la construcción europea si la tercera economía de la eurozona y “país fundador” (Italia) se entrega a los designios de un político demagogo, populista y con una enorme tendencia a la confrontación abierta.