El regreso a clases ha sido tan diverso como nuestro país y sus desigualdades. De las escuelas privadas con planes virtuales e híbridos, que contemplan protocolos para responder ante un posible contagio, y sus códigos QR para agilizar la entrada a clases y evitar que quienes hayan estado en riesgo de contagio entren a los planteles. Y por otro lado, tenemos las escuelas públicas con sus múltiples matices y condiciones. Escuelas que vivieron más de un año de abandono, escuelas que fueron robadas, con vidrios rotos y huellas de vandalismo. Ese es el lugar en el que les decimos a nuestros niños que podrán formarse un futuro mejor.

La comunicación oficial se ha centrado en el daño a los menores por el encierro, lo que es indiscutible, aunque resulta curioso que los datos con los que justifica la reapertura, son los mismo que en su momento negaron: deserción escolar de 5.2 millones de estudiantes, un aumento del 24% en las carpetas de investigación por violencia familiar, entre otros. ¿Reducirá la violencia familiar con el regreso a clases? ¿Estamos evitando una mayor deserción o el plan buscará regresar a las aulas a quienes se fueron?

Se habla de medidas diferenciadas para este regreso, Durango planea hacer pruebas aleatorias a personal escolar y alumnos. En Nuevo León será cada plantel quien decida la modalidad para regresar. Puebla tendrá un regreso escalonado, con alumnos asistiendo 1, 2 y 3 días a las escuelas, con jornadas más cortas.

Llama la atención que no haya hasta el momento anuncio de recursos extra para la adaptación de las escuelas a la pandemia, o para la recuperación de las que quedaron destrozadas. Los padres de familia cargan otra vez con la rehabilitación de las escuelas, porque bajo el lema “La escuela es nuestra”, no suena descabellado que vayan a limpiar, arreglar y, si es necesario, meter dinero para reparar la escuela, porque desde el discurso “es suya”. En el 2020 se dispersaron 7,230 millones de pesos para poco más de 36,000 planteles, algunos recibieron 150,000 pesos como el preescolar Bartolomé de las Casas en Michoacán y algunos 500,000 pesos, como la primaria Sor Juana Inés de la Cruz en Zacatecas.

Hay que reconocer el intento por dar apoyo emocional a las familias desde la SEP, pero aún quedan preguntas. ¿Se considera el aumento de contagios al aumentar la movilidad? ¿Se hará algún seguimiento de las estrategias diferenciadas para poder medir cuáles son las mejores medidas? ¿Tomará el gobierno una estrategia distinta para que la vacunación en menores de edad no dependa del privilegio de ampararse o vacunarse en el extranjero? Vienen días interesantes, para aprender o como de maldición china.

Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.

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