El resentimiento destruye, no crea .

Wong Li

En la enseñanza básica y la media superior, la mayoría de la generación actual se aleja de la comprensión de la lectura y del manejo de matemáticas básicas, aritmética y álgebra. Según las últimas encuestas, 60 por ciento en promedio, va por esas sendas perdidas. Esto quiere decir, simplemente, que durante 15 años se habrían ido por el drenaje las capacidades creativas de esos niños y jóvenes. Y que México, en el vivir-juntos y en el mundo, se quedaría atrás en la revolución del conocimiento.

Aquí hay que dar el salto. Un salto cualitativo de los procesos de aprendizaje. Desde distintos horizontes se han hecho propuestas; por su sencillez y la facilidad de su aplicación, llaman la atención tres. La primera: acabar con los libros de texto. Han sido un fracaso. Su alternativa es inquietar a estudiantes y maestros a elegir sus libros, su bibliografía. La segunda: desde el kínder y durante los 15 años posteriores, de acuerdo con edades y gustos, leer un libro cada semana en el salón. La tercera combina la anterior con apoyos virtuales: escoger los mejores programas digitales del mercado internacional para jugar con las matemáticas. Las combinaciones liberarían la creatividad de alumnos y maestros.

Todo tan sencillo. Hacerlo, simplemente. Y hacerlo bien. Hay mucha gente que podría colaborar: maestros universitarios, empresarios, padres de familia, la gente. Recordar los dos axiomas generales de todo esto: la gente piensa y lo que se hace adelanta el pensamiento. Convertir las escuelas de estos dos niveles educativos, por lo pronto, en centros de innovación y de efervescencia del imaginario. Lenguaje, matemáticas, escritura, poesía, música, serían las derivas de este aquí y ahora. Ver lo que viene en esta revolución; el singular, cada uno, cada quien, vive la intensidad de la promesa.

Algo más. En la perspectiva de la reforma energética, Pemex informa que en el 2016 deberá contratar técnicos extranjeros porque faltan mexicanos: 85 geocientíficos y 135 ingenieros petroleros. Cifras exactas. Y se piensa: los pueden preparar las universidades y las escuelas públicas de enseñanza superior, o aún las privadas que cuenten con carreras técnicas.

En dos años, un ingeniero puede convertirse en petrolero. Y los geocientíficos vendrán de la UNAM y del Politécnico, ya que esas instituciones cuentan con suficientes investigadores en el tema. Salir al mar, vivir en las plataformas de perforación y extracción. Crear en el afuera.