Quizá algún lector notó que el martes no apareció mi columna en estas páginas. Esto fue producto de una depresión poselectoral en la que caí. Les cuento: Aunque esta vez no convoqué, como sí lo hice hace tres años, al voto nulo como una manera de mostrar el hartazgo y la repulsión que nos causa la clase política; el domingo fui fiel a mi creencia. Asistí a la casilla y nulifiqué mi voto como una manera sutil de expresarle a esa fauna: Ya ni chingan o se alinean o los mandamos al carajo , pero los políticos no entienden de sutilezas porque además de ser cleptómanos son sordos e invidentes sociales.

Hace tres años, los que anulamos el voto fuimos una amplia franja de electores. Una nota de El Economista fechada el 6 de julio del 2009 informó: De acuerdo con los resultados del PREP, los votos nulos o blancos sumaron 1 millón 839,971, lo que significa 5.39% del total de sufragios (...) cifra superior a la obtenida por institutos como el PT, Convergencia, Nueva Alianza y PSD . Recuerdo que en algunos estados de la República, por ejemplo Aguascalientes, los votos anulados alcanzaron casi 10% del total de los sufragios.

Esta vez el porcentaje de votos nulificados (según el portal www.google.com.mx/elections/ed/mx/results) fue de 2.4%, una décima más de 2.3% que alcanzó el Panal. Si en el 2009 con 5.39% en el DF y casi 10% en algunas entidades federales valimos madres porque no les hicimos ver -mejor dicho no quisieron percibir nuestro descontento-, con 2.4% alcanzado ahora nos van a pintar caracolitos.

Por cierto, yo mi voto lo anulé con sólo tachar totalmente las respectivas boletas. Mucho más sofisticado mi amigo el abogado Casto, las anuló dibujando en cada una un gallito inglés y la leyenda que hiciera famosa el arquitecto Armando Jiménez: Este es el gallito inglés/ míralo con disimulo/ quítale el pico y los pies/ y métetelo etcéterá, etcétera .

Pero mi depresión no surgió al percatarme de que esta vez los votantes en blanco, si fuéramos partido, apenas hubiéramos conservado el registro. La baja de mi ánimo la provocó saber que si en lugar de anular mi voto éste se lo hubiera dado al PRI, me habrían dado una tarjeta para comprar en Soriana. De a 700 pesos por cabeza los tres miembros de mi familia hubiésemos tenido para comprarnos el Blue-ray que tanto deseamos.

Esto me deprimió más que a Josefina Vázquez Mota su tercer lugar y me encabronó más que a Andrés Manuel el resultado de la votación.

Según el mencionado portal consultado -cuyo link proporcioné como un servicio por si el lector desea enterarse de los resultados por estados-, el candidato del PRI-Verde Oportunista, Enrique Peña Nieto, obtuvo 38.1%; por el aspirante del Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador votaron 31.6% de los sufragistas, y 25.4% por la panista Josefina Vázquez Mota.

Estas cifras son suficientes para recurrir a la sabiduría de Perogrullo y expresar que el PRI retornará a Los Pinos, y auxiliarse en el filósofo de Güemes para con él manifestar que el que se chingó se chingó.

A los que piensan que con el Partido Revolucionario Institucional regresará al gobierno de la República la corrupción, categóricamente les digo que ésta no regresará porque jamás se fue. (Si alguien lo duda lea en la revista Proceso del 17 de junio o contacte en Internet www.proceso.com.mx/?p=311236 el reportaje de Álvaro Delgado sobre los nuevos ricos panistas).

Ahora bien, si los priístas, embriagados por el triunfo, piensan que van en dinosaurio de la hacienda y que las cosas van a ser como antes, están como que operados del cerebro. No es que exista el nuevo PRI, es que a huevo el octogenario partido -que por un cambio de nombre se quita años y dice sólo tener 66- va a tener que adecuarse a los actuales tiempos. Para empezar su encopetado líder debe tomar en cuenta que fue rechazado por 62% de los casi 50 millones de votantes y que tendrá que gobernar para todos.

Estoy seguro de que sus colaboradores más cercanos, entre quienes hay personalidades muy inteligentes, deben de estar preparando un megamadrazo que lo legitime ante los aproximadamente 32 millones de mexicanos que preferimos otras opciones, incluyendo la anulación del sufragio. Si la especie de magno quinazo incluyera a un miembro del partido tricolor el megamadrazo se elevaría al cubo.

Imaginación y reconocimientos

Propongo que hagamos un ejercicio de imaginación. Supongamos que Peña Nieto, fiel al mandato popular, decide pescar un pez gordo o, cuando menos, aplastar alguna tepocata o víbora prieta. La práctica ilusoria podría transformarse en un juego. Invito a los lectores a participar en él. Es una especie de quiniela entre 15 competidores. Cada uno de los 15 se inscribe en la jugada con una cantidad de dinero acordada. Digamos 100 pesos por cabeza para ganar la bolsa de 1,500 o 1,000 por cada uno para ganar 15,000 pesos.

La mecánica del juego es muy simple. Se anota en 15 papelitos el nombre de 15 personajes de la picaresca nacional desprestigiados, susceptibles de ser considerados peces gordos. Una vez escritos los nombres se ponen los papelitos en una canasta, sombrero o recipiente donde se revuelven. Cada jugador, previo pago de inscripción, saca, con los ojos vendados, al azar, un papelito. El personaje que esté escrito en el papelito corresponde al jugador que lo tiene.

Con sus respectivos personajes de la suerte, los jugadores esperan el megamadrazo ya referido. Les sugiero algunos nombres para escribirlos en los papelitos: Fidel Herrera, Mario Marín, Ulises Ruiz, Tomás Yarrington, César Nava, Juan Molinar Horcasitas, Manuel Bribiesca Sahagún, Genaro García Luna, Humberto Moreira, Fernando Larrazabal, Carlos Romero Deschamps, Elba Esther Gordillo, Joaquín Guzmán Loera, Carlos Salinas de Gortari, Arturo Montiel.

Amiguito participa. El juego comienza el próximo 1 de diciembre y puede durar una semana, un mes, un año o un sexenio. Si llegara a su término el mandato de Peña Nieto sin que atraparan a nadie -lo dudo porque reitero que la sociedad lo va a presionar para que se enseñen a respetar a la ciudadanía- o éste tenga que dimitir por no hacer nada contra los enemigos públicos aquí inscritos u otros de la misma calaña, se devolverá el dinero a los participantes con el interés bancario correspondiente.

Si se tuviera la suerte de que cayera un miembro (a) de esta depredadora fauna al empezar el periodo del mexiquense puede iniciarse otro juego agregándole a la lista otro pájaro de cuenta o participando sólo 14 jugadores.

Aquí donde atacamos más a su organización que a su persona, le rendimos un homenaje a Josefina Vázquez Mota por su persistencia en una batalla de antemano perdida. La dejó sola su partido. La traicionaron abiertamente Fox y Espino, y soterradamente muchos otros. La única que se portó a la altura fue doña Margarita Zavala que, no obstante eso, en la semana de las elecciones ya no la podía ver.

También un reconocimiento a Andrés Manuel López Obrador que vino de atrás y se quitó los negativos que venía arrastrando desde hacía seis años. Su liderazgo hizo que la izquierda se fortaleciera el 1 de julio. Está en su derecho de impugnar y recurrir a las instancias legales.

Por cierto, un amigo mío que es amlista -más que perredista, petista o del Movimiento Ciudadano es admirador de AMLO a quien idolatra-, el domingo quería interponer una queja en el IFE porque, según él, durante la tarde del domingo hubo una manifestación en la Fuente de la Cibeles en favor de Peña. La cosa se aclaró cuando le explicaron que los manifestantes no gritaban ¡Es Peña! ¡Es Peña!, si no ¡España! ¡España! 

Oí por ahí

Suena el teléfono en la oficina de Enrique Peña Nieto, la llamada se origina en Washington. Del otro lado de la línea está el presidente Obama que le dice al candidato triunfador: Congratulations. El mexiquense contesta: ¿Con... quién?