El hecho de que la Coparmex haya tomado la bandera del aumento al salario mínimo en México muestra que los empresarios tienen la voluntad y creen que pueden pagar un salario mayor. La iniciativa merece reconocimiento, entre otras razones, porque retoma el deber moral del empresario de buscar un salario justo y generar bienestar en la sociedad.

Por supuesto, incluso antes de que la propuesta sea considerada y aprobada por la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, vale la pena analizar los posibles efectos de este aumento.

De acuerdo con la teoría económica, existe una relación inversa entre el salario y el empleo. Al ser más caro contratar a un trabajador, la empresa buscará contratar menos trabajadores. Bajo este argumento, aunque el salario sea mayor, hay menos gente percibiendo un salario. No obstante, sin negar que dicho principio existe, éste supone mercados competitivos y hay que ver cuál es la situación en México. Sabiendo que en nuestro país la estructura de mercado es oligopólica o monopólica en varios sectores, se abre un espacio a que se pueda elevar el salario mínimo de 88.36 a 98.15 pesos, sin generar un problema grave de desempleo.

Existen estudios empíricos realizados por economistas académicos sobre el efecto del salario mínimo en otras economías, que muestran resultados contradictorios. Un caso es el de la ciudad de Seattle en Estados Unidos, donde hubo un aumento del salario mínimo en el sector de servicios de alimentos en dos etapas, de 9.47 a 11 dólares por hora en el 2015 y hasta 13 dólares por hora en el 2016. Dicho estudio encontró que prácticamente no hubo variación en las horas trabajadas en la primera etapa del aumento, y en la segunda etapa solamente se redujeron las horas trabajadas en alrededor de 9 por ciento. Por tanto, el nivel de empleo se afectó muy poco. Desgraciadamente, la evidencia no es concluyente.

Otro argumento en contra es que un aumento a los salarios implica mayor demanda agregada y por consiguiente un aumento a la inflación, pero esto sucedería si el aumento fuera elevado y generalizado. Si el salario mínimo lo percibe una parte limitada de la población y el aumento no es generalizado a todos los salarios, en realidad existe poco riesgo de generar inflación.

Ahora, ¿por qué sí aumentar el salario? No hay que perder de vista que el principal objetivo de la política económica es el bienestar de la población en términos económicos. Subir el salario mínimo es una buena idea en el sentido de mejorar el ingreso de los que menos ganan en una sociedad. Esto tiene un efecto positivo en el poder adquisitivo de un rango importante de la población y un aumento del bienestar en la gente.

El Coneval define la línea de bienestar en México, a marzo del 2018, en 2,985.48 pesos, y el salario mínimo actual multiplicado por 30 días da $2,650.80 pesos. Es claro que el salario debería ser suficiente para tener un mínimo de nivel de vida por arriba de la línea de bienestar.

En conclusión, los 9.79 pesos propuestos por la Coparmex se podrían y deberían incrementar inmediatamente, sin generar presiones inflacionarias y, dependiendo el efecto que tenga, revisar qué tan pronto podría volver a subirse de manera paulatina. Pero duplicar prácticamente el salario sí podría generar problemas inflacionarios y sobre todo el efecto de aumento del desempleo, a menos que lo que se esté pensando sea subsidiar a los empresarios para que puedan pagar salarios de 190 pesos, con el evidente costo en el presupuesto de gobierno. Lo anterior, obviamente va a depender de las condiciones económicas generales del país.

*El autor es profesor del área de Entorno Económico de IPADE Business School.