Todos sabemos que las tragedias son griegas, las sagas escandinavas y los sainetes españoles y que utilizamos estas expresiones para describir la realidad política o económica cuando nos supera, pero en el caso de Grecia quizás haya que retorcer un poco los términos. Dadas las vueltas y revueltas de su crisis de deuda, podemos hablar de una saga. Una saga griega.

Esta semana en la reunión del Eurogrupo se han producido avances significativos en las negociaciones de la segunda revisión del tercer programa de ayuda a Grecia. El país heleno parece haber entrado en la senda de la recuperación económica (la Comisión espera cerca de 3% en el 2017 y el 2018) y sus cuentas públicas deberían alcanzar un superávit primario de 1.75% del Producto Interno Bruto (PIB) este año.

Con un crecimiento sostenido en Grecia, una recuperación consolidada en Europa y las bajas tasas de interés que paga el Estado griego por su deuda (la mayor parte en manos oficiales), es posible que empiece pronto a reducir su ratio de deuda pública sobre el PIB desde sus actuales niveles estratosféricos.

El preacuerdo de esta semana supone un acercamiento entre las tres partes involucradas. Grecia acepta legislar las medidas de ajuste fiscal que quedan para conseguir un superávit primario de 3.5% del PIB. Básicamente, se trata de reducir en mínimo exento del Impuesto Sobre la Renta y legislar cambios adicionales en el sistema de pensiones, tal y como requieren los acreedores.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) parece aceptar, en principio, seguir participando en el programa de ayuda, algo que pedía insistentemente Alemania. Europa da señales de relajar su postura de no aprobar más medidas de alivio de la deuda (menos tasas de interés, plazos más largos de devolución), tal y como piden Grecia y el FMI. Todo ello aderezado con buenas palabras, de una renuncia a hablar de medidas de austeridad y de la insistencia más en reformas estructurales que en medidas fiscales.

El conflicto que subyace es el análisis reciente publicado por el Fondo, en el que menciona que la deuda pública griega no sería sostenible en los términos actuales del programa de rescate a partir del 2030, por lo que sería necesario una relajación adicional de los términos de repago y más medidas por parte del gobierno griego.

Una mirada detallada al estudio deja la impresión de que sus conclusiones son algo forzadas: habla de insostenibilidad, porque la deuda pública empezaría a subir a partir del 2030 (pero desde niveles de alrededor de 60% del PIB hasta 100%, niveles difícilmente calificables de insostenibles); e incorpora, además, para esos años unos supuestos de tasas de interés de mercado muy elevadas (de más de 7%, no muy creíbles en una situación de deuda baja, y con los que muchos otros países europeos no serían sostenibles).

Da la impresión de que el FMI esté guiando su análisis para retirarse del acuerdo o para llevar a Europa a resolver el problema lo antes posible, quizás en la creencia de que Grecia no puede mantener un superávit primario elevado durante mucho tiempo. Pero los esfuerzos fiscales tienen un coste político si hay que ajustar las cuentas, pero mucho menor cuando hay que mantenerlas. Muchos países europeos han tenido superávit primarios durante muchos años sin consecuencias graves (Bélgica o Irlanda son dos ejemplos).

Los detalles del acuerdo no están aún fijados y la saga va a continuar los próximos días en Atenas. No se sabe cuándo y cómo se aplicarán las nuevas medidas fiscales, y el gobierno griego ya ha anunciado que va a legislar contramedidas de carácter social por si las cuentas públicas mejoran las previsiones algo a lo que ha accedido el Eurogrupo y que permite vender el acuerdo en casa .

El alivio adicional de deuda se podría aprobar una vez terminado el programa actual (en el 2018), pero no está claro en qué términos. Y la participación del FMI no parece estar aún asegurada.

Las citas importantes son en julio, cuando el país heleno tiene que hacer un repago importante de deuda y necesita recibir los nuevos tramos de ayuda por parte de la extroika. Y, sobre todo, a finales del 2018, cuando termina el programa actual y Grecia tenga que volver paulatinamente a los mercados. Pero el clima de diálogo ha mejorado claramente. Bienvenido sea.

*BBVA Research