Freno y arranque. Así es la economía política mundial. Arranque, con gasto deficitario para apoyar la salida de la crisis mundial que condujo a más déficit fiscal y endeudamiento. Freno, al bajar el gasto público lo que significa menos medicinas, menos educación, menos carreteras, menos pensiones, menos salario....menos nivel de vida.

Pero en éste punto, también menos ingresos, menos trabajo, menos crecimiento económico, menos recaudación. Por tanto, mas déficit, mas deuda, mas problemas. Es una pesadilla.

Este circuito de perversidades tiene a su vez su apoyo en las recomendaciones de la OCDE el grupo de expertos apoyado por las economías mas avanzadas.

La OCDE está diciendo que los gobiernos deberían dejar de fomentar la recuperación económica y empezar sobre todo a subir los tipos de interés y a reducir drásticamente el gasto. Paul Krugman, Premio Nóbel de Economía se opone a ésta dirección de política económica.

Dice: " Tanto la economía teórica como la experiencia nos dicen que reducir drásticamente el gasto cuando todavía estamos padeciendo de un desempleo elevado es muy mala idea; no solo agrava la recesión, sino que sirve de poco para mejorar las perspectivas presupuestarias, porque gran parte de lo que el gobierno ahorra al reducir el gasto lo pierde, ya que la recaudación disminuye en una economía mas débil".

Efectivamente es un error reducir el gasto público y subir los impuestos antes de que la economía salga de la crisis.

En Estados Unidos ya hay indicios de apretarse el cinturón. Los miembros conservadores de la Cámara redujeron los alcances de un proyecto que ampliaba la ayuda a los desempleados y el Senado ignoró un paquete de medidas asociadas al seguro sanitario.

En Alemania, que es la China de Europa, por su importancia, acaba de anunciar un drástico plan de ajuste que amenaza el crecimiento económico europeo, ya de suyo bajo. El recorte es de 80,000 millones de euros y afectará el gasto social. En la misma tesitura están Grecia, Portugal, Irlanda y España, que han aprobado planes de austeridad por obligación.

El problema, uno de tantos, es que si bien en los países desarrollados las políticas de freno son dolorosas, cuando ocurre en los países emergentes se trata de callejones sin salida: pobreza, desempleo, violencia.

Una vez más se comprueba que la globalización económica además de ser apocalíptica está inestablemente integrada.