Hoy no hay nada más allá de México. Como pocas veces tenemos el espíritu patriótico muy en alto y sentimos que somos invencibles. Vamos, que ni Francia, país del primer mundo, nos puede ver a los ojos.

Pero toda la alegría mundialista que nos reanima y nos hace vernos en la siguiente fase del Mundial, nos debe hacer perder de vista que tenemos problemas graves estructurales que tenemos que corregir.

Y que pretender tapar las fallas con cifras que sólo buscan hacer que la burocracia conserve su chamba no sirven para remediarlos.

La realidad es que Francia nos golea cada vez que hablamos de turismo.

París es la ciudad más visitada del mundo y es un asunto aspiracional conocer la torre Eiffel. Mientras que México está acreditado, cada vez de manera más extensa, como un destino inseguro, dominado por el crimen organizado.

La verdad es que hay zonas en el país, como la península de Yucatán que no tienen comparación en el planeta. Un viaje que incluya: la Riviera Maya y sus grandes hoteles; Cancún, y sus centros de diversión; Chichén Itzá y su milenaria cultura, y Mérida y su riquísima cocina es imposible de repetir en ninguna parte del mundo.

Nassau tiene un hotel, uno solo, impresionante. Jamaica y sus Ocho Ríos, no le piden nada a muchos paisajes chiapanecos. Campeche y el Moro puertorriqueño podrían ser dignos competidores. Y Cancún tiene ventajas muy competitivas sobre Miami.

Pero, a diferencia de todos esos lugares. México tiene fama de violento. Y es más que la percepción, es la realidad. La percepción es la de un país donde el crimen organizado está en una rebeldía, una guerra, en contra del gobierno y en donde una balacera puede ocurrir en cualquier momento.

Pero la actitud de la autoridad turística ha sido equivocada. México tiene 10, 20 o 30 hermosas rutas para recorrer. Pero también tiene decenas de muertos diarios y una cobertura muy marcada de los medios sobre la violencia.

La primera puerta que los promotores turísticos deberían tocar es la de las autoridades federales. Buscar el blindaje de las zonas turísticas debería ser la primera estrategia.

De lo contrario, estrategias como Hablemos bien de México, se pueden convertir en Mintamos sobre lo que pasa en México. Y es un hecho que los turistas son también blanco de la delincuencia.

Las estadísticas pueden decirnos lo que queramos. O que tenemos una baja en la presencia de visitantes, como lo revela el Banco de México, o que realmente aumentan los visitantes extranjeros, como dice la Secretaría de Turismo.

El banco central nos dijo hace dos días que el turismo internacional se recupera, en lo que va del año, en 4 por ciento. Pero que el número de visitantes a destinos nacionales ha bajado 3.2 por ciento.

Y remarca que es la mayor caída desde el 2003. Y no hay razón para pensar que Banxico tiene porqué mentir en este tema.

Al día siguiente, como respuesta, la Sectur dice que el número de turistas extranjeros durante los primeros cuatro meses del año creció 5.7% con respecto al año pasado.

Los dos datos son correctos, pero sirven de poco. Primero porque la comparación con el año pasado tiene el sesgo de la recesión y la influenza. Y segundo, porque pretende desconocer que México pierde turistas por la violencia.

Nos guste o no, hay menos extranjeros y mexicanos dispuestos a desplazarse por la República Mexicana por temor a ser asesinados. Punto.

Un estadounidense que no viene a Cancún o a Los Cabos es tan importante como el capitalino que no visita a las mariposas Monarca en Michoacán.

En turismo hay expertos en eso, en turismo. Pero no pueden solos con el paquete que enfrenta México.

Lo primero que tienen que conseguir es la comprensión del Ejecutivo, de que no podrían promover la actividad turística como pretende Los Pinos, si no tienen seguridad.

No pueden perder su chamba si hacen bien las cosas. Si buscan que las autoridades policiales o el Ejército blinden algunas zonas turísticas podrían jugar con la percepción de las zonas blindadas.

En Haití, por ejemplo, hay playas amuralladas que son visitadas por los cruceros más lujosos del mundo y su principal característica es la seguridad. Porque son destinos menos atractivos que cualquier playa del Caribe mexicano.

¿Cuál es el principal problema de imagen de México? ¿Las 10 rutas más hermosas del país o la inseguridad? Bueno, pues por ahí hay que empezar.