Las tres condiciones para garantizar un buen vuelo son tener rumbo, altura y velocidad. Gestionarlas implica saber a dónde vamos, el objetivo final, pero también en dónde estamos ubicados y qué nos falta. Ésa es la razón por la que organismos como la Asociación Latinoamericana de Transporte Aéreo (ALTA) suele reunirse para visualizar los problemas y las posibles soluciones en la región.

En esta ocasión, ALTA se reúne en Brasilia, donde se dan cita los principales ejecutivos de aerolíneas, representantes de gobiernos y autoridades de aviación civil, así como actores de la industria. La región tiene una situación estable, pues ha crecido en los últimos años de forma consistente, contribuye con 156,000 millones de dólares al PIB regional, genera 7.2 millones de empleos y conecta a la zona con 160 ciudades globales. Pero los retos que se avizoran son complicados, no sólo por la desaceleración económica, sino por falta de infraestructura suficiente, así como una estructura de costos que no favorece la economía de las aerolíneas.

El director de ALTA, Luis Felipe de Oliveira, hizo un recuento pormenorizado de la actual situación, en la cual destaca que la aviación regional representa 8% del total mundial y que por cada trabajo que se crea en el sector se generan cuatro más. Asimismo, la flota de un poco más de 2,000 aeronaves, con un promedio de 14 años, es 54% fuselaje estrecho, 19% turbohélice, 13% regionales, 8% fuselaje ancho y 7% carga.

El año pasado, Latinoamérica sumó 64 nuevas rutas, 44 desde y hacia el exterior y 22 de carácter intrarregional y completó la conexión con todas las regiones globales. Cabe decir que el principal aeropuerto de Latinoamérica es el de la Ciudad de México, seguido del de Guarulos en São Paulo, Brasil, y nuestro país es, por mucho, el que mayor número de viajeros internacionales vía aérea recibe, con 47.1 millones contabilizados en el 2018, lo que representa 40.5% del total de turistas internacionales recibidos en toda la región. Sin embargo, en materia de aviación doméstica, Brasil nos aventaja con mucho, al sumar más de 92 millones de viajeros al interior, frente a 52 millones en México.

De acuerdo con las cifras que se mostraron en la reunión, en el 2038 México estará manejando 101 millones de pasajeros adicionales a los 99 millones ya existentes; es decir, el tráfico total sería de 200 millones de pasajeros, el doble. El problema que se presenta es cómo gestionar este flujo, ya que, de acuerdo con la Asociación de Transporte Aéreo Internacional, se ve difícil operar un aeropuerto civil y militar, pues la logística es distinta. De ahí que la zona del valle de México se descarte para poder albergar a este número de pasajeros.

En este sentido, se tendría que incrementar la capacidad de Cancún, además de Guadalajara y Monterrey en hubs que puedan conectar los tráficos crecientes, en especial los de Brasil y Estados Unidos, así como del resto del mundo.

Otro de los retos para las aerolíneas latinoamericanas tiene que ver con el precio del combustible que, según el presidente de ALTA, Pedro Heilbron, de COPA Airlines, representa 30% del costo de operación de nuestras aerolíneas, cuando en el resto del mundo el porcentaje es un poco mayor de 23 por ciento. Una situación similar se tiene con respecto al costo de los servicios y derechos de tráfico, lo que quita competitividad a la región.

Es claro que la problemática que se nos presenta tiene soluciones prácticas. El ambiente para que nuestra aviación pueda seguir creciendo y ser competitiva no tiene que ver sólo con el ritmo de la economía, sino con lo que el país le ofrezca. En ese sentido sí requerimos rumbo, altura y velocidad. Una política de Estado y de largo plazo nos daría estas condiciones. Y claro que se puede.

Lo oí en 123.45: ¿Y Mexicana?

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