La falta de estudios sobre la desigualdad ha propiciado versiones diametralmente opuestas sobre su origen y formas de resolverla. Para algunos las desigualdades son siempre crecientes y el mundo cada vez más injusto y para otros son naturalmente decrecientes, o bien se armonizan de manera espontánea y no puede hacerse nada al respecto. Éste es el punto de arranque del libro de Thomas Piketty, El capital del siglo XXI, que ha revolucionado el pensamiento económico.

Sobre la verdad irrefutable de que el crecimiento superior de la tasa del rendimiento del capital en relación con la tasa de crecimiento de la producción y del ingreso invariablemente produce desigualdades, afirma que existen medios para que la democracia y el interés general logren retomar el control del capitalismo y de los intereses privados y que la riqueza privada se apoya en la pobreza pública, lo que ha traído como consecuencia, entre otras, que los países inviertan más en pagar los intereses de deuda pública que en educación superior.

La afirmación de que el Estado tiene formas de regular el capital en el siglo XXI resulta oportuna en México. Uno de los retos de las reformas estructurales es que el gobierno sea capaz de propiciar la inversión extranjera con una verdadera regulación que proteja a los consumidores y usuarios.

Sobran ejemplos de falta de capacidad o voluntad de regulación en México, llámese Ficrea, Publitrece, Fobaproa, Oceanografía, autopistas, ingenios, preponderantes, la lista es larga. También sobran ejemplos de los medios jurídicos que emplean los consorcios para evadir la actuación de la autoridad.

La falta de capacidad regulatoria del Estado mexicano ha costado mucho dinero a los ciudadanos y al Estado, mismo que se ha visto obligado a intervenir en condiciones muy adversas para apoyar para los ahorradores o consumidores.

Las inversiones que se esperan en el sector energético y de comunicaciones son de grueso calibre y de muchos ceros, es menester encontrar la fórmula que le permita a la autoridad mantener la fiscalización y corregir las asimetrías del mercado, asegurando calidad en los servicios a precios competitivos, así como incentivar la inversión privada.

En todos los sectores se requerirá la firme actuación de la autoridad; de lo contrario, en un futuro no muy lejano, nuevamente veremos en las noticias rescates y fraudes, en los que se pierde dinero público y privado y sobre todo pierde México.

@ErosalesA