Con la claridad que caracteriza a la revista The Economist (13/marzo/2021), ésta ofrece un interesante análisis sobre las perspectivas de la economía de Estados Unidos. Ante la recesión global, al igual que otros países, ese país adoptó una combinación de políticas fiscal y monetaria. Decidió combatir la recesión con una inyección masiva de liquidez para estimular el gasto de los consumidores, mientras que la Reserva Federal (Fed) adoptó mecanismos de impulso que ya había utilizado en la Gran Crisis de 2009.

Como ya es sabido, se aprobó el paquete de 1.9 billones de dólares (bd) que, sumados a lo que ya se tenía desde diciembre como gasto relacionado con la pandemia, resulta en una cifra colosal de 3 bd, cerca de 15% del PIB pre-pandemia. También en 2021 el gobierno junto con la Fed inyectará 2.5 bd al sistema financiero, lo cual, con tasas de interés cercanas a cero, es un factor más para la reanimación económica. Además, a ello contribuirá la apertura total de la economía, quizá en septiembre, cuando toda la población estará vacunada contra el covid.

Coincido con The Economist de que Biden está maniobrando un experimento de tres bandas no exento de riesgos: un nivel histórico de estímulo fiscal, una Fed mucho más tolerante hacia la inflación y la apuesta de que los consumidores no ahorrarán sino gastarán los cheques individuales recibidos de 600 dólares y el recién aprobado de 1,400 dólares. La Fed ha dicho que seguirá comprando activos y manteniendo baja la tasa de interés. El mayor riesgo es que los tres componentes sean una combustión para un sobrecalentamiento muy rápido de la economía. La consecuencia inevitable sería la inflación y el ajuste inmediato recaería en elevar las tasas de interés. El riesgo ya fue percibido por los inversionistas, al aumentar recientemente el rendimiento de los bonos de EUA a 10 años en forma importante. O sea, la estrategia es una apuesta audaz pero riesgosa.

El plan de estímulos beneficiará a México. Es más, las expectativas del PIB para este año (4.8% Banxico y 4% promedio de analistas) prevén como principal factor de reactivación un fuerte impulso de la demanda externa para el segundo semestre, que sería cuando la economía estadounidense agarre dinamismo. Pero con el inminente riesgo del sobrecalentamiento, en algún momento el aumento de tasas de interés de la Fed puede enfriar abruptamente a la economía y con ello frenar la demanda externa. Banxico se vería presionado para ajustar al alza su tasa de política monetaria. Así, los pronósticos anteriores del PIB no se cumplirían y para 2022 podríamos ver abortada la recuperación.

México no puede apostarle sólo al motor externo para crecer. El propulsor de la demanda interna es fundamental, pero para ello se requiere aumentar la inversión privada. No obstante, la desconfianza sigue inhibiéndola. El gobierno sigue empeñado en no brindar un contexto de certidumbre jurídica. Basta ver los últimos cambios caprichosos de la legislación para el sector energético y el outsourcing, contrarios a lo que dijo el presidente que no habrá cambio de reglas.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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