En el país somos propensos a tratar de justificar la mayoría de nuestros problemas por razones de carácter exógeno, en el caso del desempeño de nuestra economía no es la excepción. Es cierto, estamos muy integrados al comercio exterior en particular hacia los EU y que nuestro peso es, dentro de las monedas emergentes, la que más se mercadea en el mundo, por ello buena parte de los factores externos influyen en un sentido u otro en el agregado de nuestro desarrollo económico. Sin embargo, como todo en la vida cotidiana, la mayor parte de lo bueno o malo que pueda impactar a nuestra economía depende necesariamente de nuestra propia responsabilidad. En este sentido es necesario advertir algunos elementos relevantes que pueden incidir negativamente en nuestro desempeño económico al margen de lo que pase en EU, Europa, China o el resto del planeta. Aquí algunas consideraciones:

1. Permanencia de la incertidumbre económica. Para que la economía pueda desarrollarse de la mejor manera posible y sortear los efectos externos adversos que se avecinan en el futuro tiene que estar sustentada en la confianza y en expectativas realistas y, por tanto, creíbles. Por ello es necesario seguir trabajando día con día en acrecentar la confianza y la certidumbre económica para reactivar la inversión privada que por el momento está prácticamente detenida en nuestro país.

2.Descoordinación entre la agenda económica del presidente y la coalición mayoritaria en el H. Congreso. En los primeros meses de gobierno, los agentes económicos han presenciado episodios que no reflejan comunicación y coordinación, que no subordinación, entre la lógica económica del Poder Ejecutivo federal y su mayoría en ambas cámaras. Lo anterior ha sido uno de los elementos más importantes que han abierto la puerta para que se mantenga la falta de certidumbre y que han costado al agregado nacional, miles de millones de pesos. Si bien las iniciativas de algunos legisladores no han transitado por la oportuna intervención de los secretarios de Estado y los líderes camerales, Mario Delgado y Ricardo Monreal, es previsible que se sigan repitiendo hechos que mermen aún más la confianza en determinados sectores económicos como el laboral, energético, bancario o los contribuyentes cautivos per se. En un régimen como el mexicano y con la lógica de los resultados electorales del 1 de julio, las prioridades económicas son las del presidente de la República.

3.Potencial descontrol en el ambiente laboral y sindical. Es cierto que durante décadas el sector laboral en México ha sufrido un deterioro real en su calidad y nivel de vida e igualmente es cierto que diversos líderes sindicales más que una reivindicación de derechos laborales reales, buscan ampliar prebendas gremiales. Cómo empatar la imperiosa necesidad de elevar el estándar laboral en México con la realidad económica de la planta productiva y sus cabales capacidades sin desbordar el ímpetu en detrimento de la economía real y no teórica, todo ello manteniendo claro la importante cantidad de sindicatos que han demostrado que representan todo menos los intereses de sus agremiados; ese es el gran reto de la política laboral de la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, y para la estabilidad económica en el mediano y largo plazo.

4.Pemex. La empresa petrolera más endeudada del mundo se encuentra en una carrera contra el tiempo en la que busca explorar y explotar más yacimientos de petróleo con el propósito de incrementar su producción antes de que le alcance una crisis financiera que todos los mercados ya perciben con nitidez. Lo anterior con el sindicato, el exceso de burocracia y compromisos corporativos que Pemex tiene. El dilema que se abre estriba en que en la medida en que se aporten recursos por parte del gobierno a la empresa, ello afectará considerablemente a las finanzas del gobierno y a la percepción del riesgo soberano, lo que se agrava cuando se estima que dichos recursos servirán de poco toda vez que suelen perderse en la propia burocracia y realidad corporativa y sindical de la que se habla.

5.Finanzas Públicas. Desde hace tiempo, el presupuesto público ha dejado de ser motor del crecimiento económico; por cada peso que el gobierno aporta a la inversión, el sector privado aporta siete; empero, el ejercicio oportuno y eficiente del gasto gubernamental perfectamente soportado con los ingresos suficientes es indispensable para crear certeza económica entre los agentes económicos. Recientemente se ha reportado un freno al gasto que puede estar impactando negativamente al pago de proveedores y con ello, afectado a diversas cadenas productivas. Asimismo, el fortalecimiento de las finanzas públicas es esencial a través de ir disminuyendo la economía informal, sólo a través de esto podrá haber sustentabilidad de largo plazo. No existe una fuente más sana de ingresos públicos que los impuestos cobrados a todos sin excepción, en la medida de sus ingresos y consumos.

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Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaria de Hacienda, la presidencia de la República y en Washington, DC. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas