El mundo se ha convertido en una pequeña aldea. Lo que pasa en cualquier parte repercute en el resto del planeta, todo está conectado.

El triunfo de Alexis Tsipras y su partido Syriza (Coalición de Izquierda Radical) en Grecia abre un camino muy arriesgado no sólo para la península helénica, pues el riesgo de contagio se extiende al resto de Europa y a otras regiones. Cualquier extremo siempre resulta peligroso.

Preocupa cuando un líder, cualquiera que sea, se aprovecha de la vulnerabilidad de sus seguidores y su país para satisfacer una ambición personal y/o de grupo, a costa de la mentira y el engaño. Tsipras llegó al poder afirmando que, la lucha de nuestra gente por el cambio es la lucha del sentido común contra el fanatismo ideológico, de la dignidad contra la servidumbre .

El plan de Tsipras es multiplicar el gasto público, subir impuestos (marginal máximo de 75% sobre la renta); crear 200,000 empleos estatales y nacionalizar sectores estratégicos como la banca. Los resultados previsibles de estas acciones nada tienen que ver con el sentido común ni la dignidad.

Parte del éxito y la popularidad de Tsipras ha sido querer renegociar la deuda en sus propios términos y eliminar las medidas de austeridad impuestas en los paquetes de ayuda. Su intención es manipular la economía a su antojo, desafiando cualquier lógica, y negarse a cumplir los compromisos de su país con el resto de Europa.

Ignora que el mayor atropello a la dignidad es la imposición de un sistema que destruye la libertad y los incentivos para que, a través del trabajo y el mérito personal, se pueda crear riqueza y lograr la movilidad social.

Ha resultado muy popular prometer que los griegos no sufrirán más, pues no serán títeres de nadie (principalmente Alemania) ni tendrán que hacerse responsables porque el gobierno podrá darles todo. No existe mayor utopía que un gobierno pretendiendo resolver todos los problemas regalando y subsidiando a manos llenas (ignorando cómo se crea la riqueza para después pagar esas cuentas).

Qué peligroso cuando la debilidad institucional y el desgaste de los partidos tradicionales, producto de tanta corrupción y mentiras, abren la puerta a radicales del pasado con nuevas máscaras, desde nazis hasta comunistas. Hoy el riesgo es volver a caer en ese abismo cuando la historia ya demostró que ambas alternativas conducen invariablemente al dolor, la destrucción y miseria que caracterizan el camino de servidumbre.

witter: @armando_regil