Hace tiempo que no hablo de la famosa “cuesta de enero”. La gente suele empezar el mes sin dinero o endeudados por los gastos navideños. Las tarifas de muchos bienes y servicios públicos sufren un ajuste inflacionario y además se tienen que enfrentar pagos fuertes como el predial.

Todos los años es difícil, Los ingresos de muchísimas personas están sufriendo por la pandemia. Gente ha perdido su empleo y una gran cantidad de empresas ha tenido que cerrar. Los apoyos han sido escasos, tanto en el sector público como en el privado.

Desde luego, la gente que tiene sus finanzas personales en orden tiene menos de qué preocuparse. Estoy hablando de aquellos que no tienen deudas de corto plazo, que se enfocan en sus objetivos y cuentan con un fondo para emergencias. Suelen estar mucho mejor preparados que los demás. Eso me lleva nuevamente a enfatizar que una de las metas que nos pongamos este año tiene que estar relacionada con mejorar nuestra relación con el dinero y hacer un cambio de fondo en nuestra situación financiera.

Pero están los que adquirieron deudas, aunque sean “sin intereses” durante El Buen Fin. Peor aún: aquellos que cuando inició la pandemia se acogieron a las “programas de apoyo” que ofreció la banca, sin realmente necesitarlo. Todos sabemos que en realidad no fue un apoyo: los intereses se siguieron generando con normalidad y sobre un capital mayor, al no requerirse el pago por un tiempo.

Quiero enfatizar nuevamente el papel de las deudas, particularmente aquellas de corto plazo: comprometen nuestro flujo de efectivo. Implican gastar dinero que aún no hemos ganado y ese dinero lo tendremos que pagar con dinero que ganemos en el futuro. Dinero con el que no podemos contar, ya que es para pagarle a nuestros acreedores.

En fin. ¿Qué se puede hacer para enfrentar la cuesta de enero? A continuación algunas recomendaciones:

1. Conocer la magnitud del problema. Hagamos un balance personal: una lista con todo lo que tenemos (nuestros activos) y por otro lado todo lo que debemos (nuestras deudas o pasivos). Así tendremos una fotografía de nuestra situación financiera actual.

2. Hacer un plan de gastos. Cada vez que recibamos un ingreso nos tenemos que sentar para decidir: ¿qué es lo que necesito que este dinero haga por mí, antes de que me vuelvan a pagar? De esta forma, asignamos a cada peso que ganamos un trabajo.

3. Si tenemos deudas, nuestra primera prioridad, en nuestro plan de gastos, tiene que ser reducirlas mes con mes. Esto se logra pagando el mínimo a todos nuestros acreedores y luego una cantidad adicional, lo más que podamos, a la deuda más pequeña para salir más rápido de ella y liberar así flujo de efectivo. Luego atacar la siguiente hasta terminarlas. Seguramente nos tomará tiempo, pero es la única forma de hacerlo.

4. Si tenemos ingresos extras (algunas empresas empiezan a pagar algunas bonificaciones en el primer trimestre del año) destinémoslo al pago de deudas, para poder mejorar nuestra situación y comenzar a construir un mejor camino hacia adelante. Si ya las terminamos de pagar, entonces enfoquémonos en nuestro fondo para emergencias, que nos permitirá enfrentar cualquier situación inesperada con un poco de holgura.

5. Una opción adicional, aunque no nos guste, es vender un bien, como nuestro auto, si eso nos permite salir de un problema grande de endeudamiento. Enfocarnos en sanear nuestras finanzas personales debe ser una prioridad siempre, pero más en tiempos difíciles. Cuando lo logremos, tendremos toda la motivación para enfocarnos, ahora sí, a construir un patrimonio y mejorar nuestra calidad de vida.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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