Revise muy bien su calendario.

La llamada habría llegado al mediodía del lunes. A los que inicialmente tomaron la comunicación en Los Pinos les llevó poco tiempo corroborar que se trataba de un enlace real y de inmediato se lo comunicaron al Presidente.

Para esa misma tarde se había arreglado ya un encuentro que tendría carácter de privado, en virtud de que ambas partes no habían tenido acercamientos previos. Y aunque por los mensajes previos parecía una honesta intención de acercamiento, había que ser precavidos.

Andrés Manuel López Obrador llegó a la casa presidencial poco después de las 4 de la tarde, entró en una camioneta acompañado de Martí Batres, presidente del Comité Ejecutivo Nacional de Morena, y de Jesús Zambrano, presidente nacional del PRD y promotor de lo que esa tarde ocurría.

Al pie de la escalinata de la Residencia Miguel Alemán estaba el presidente Enrique Peña Nieto, acompañado de Luis Videgaray. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, habría de incorporarse más tarde a la reunión, ya que venía de regreso de Hidalgo, su tierra natal.

El saludo en ese punto fue parco, pero sincero. Los dos personajes estrecharon las manos por unos segundos y el Mandatario invitó a los presentes a uno de los salones de la casa. Ahí, después de un breve intercambio de comentarios referentes a la fecha y cómo todos habrían de salir de ahí para reunirse con sus familias, Andrés Manuel López Obrador tomó la palabra y dijo algo más o menos así:

Señor presidente Peña Nieto, hemos tomado la determinación de extender nuestra mano hacia usted y decirle que no solo reconocemos plenamente su autoridad como Presidente de la República, como ganador indiscutible de las pasadas elecciones federales, sino que también queremos participar activamente en el diseño de ese México que ahora usted convoca a confeccionar.

El Presidente, que tenía cierta información previa del carácter de la reunión, agradeció de inmediato el gesto de nobleza del personaje y destacó la importancia que una figura del peso político y social de López Obrador se sumara a una causa común.

López Obrador buscó en ese momento atajar el comentario indicando que no se trataría nunca de un cheque en blanco para que el gobierno llevara a cabo sus proyectos sin observaciones y objeciones.

Que se trataba de que la izquierda que él representaba lograra que se consideraran aspectos sociales que a su parecer estaban ausentes del Pacto por México.

Prometió no ser un obstáculo para cambios tan importantes como la reforma energética o hacendaria porque en Morena entendían que eran situaciones impostergables para no rezagar más al país.

Pero que sí sería de vital importancia para ellos garantizar la rectoría de los bienes nacionales y que los recursos fiscales adicionales que se obtuvieran con la reforma fiscal se usaran de forma responsable y con un claro enfoque de buscar la igualdad de oportunidades.

Prometió no acuzar más a ningún grupo para que tomara acciones violentas o de oposición sin propósito, pero aseguró que siempre sería receptivo al malestar de las personas que no entendieran o se sintieran agraviadas por los cambios estructurales.

Pidió la oportunidad de explicar a sus seguidores su determinación de trabajar junto con el gobierno y pidió que no hubiera, por ahora, ninguna fotografía de este encuentro ni de ninguno posterior hasta que no tuviera la certeza de que socialmente se entendiera que su decisión era la correcta.

Luis Videgaray invitó a Martí Batres a que se incorporara tan pronto como se reanudaran las actividades tras las vacaciones a los trabajos del Pacto por México, lo que sería en sí la señal de distensión entre el gobierno federal y este importante grupo político. Batres adelantó que ya habían preparado una serie de comentarios y observaciones a las metas del pacto y que empezarían a trabajar en la mesa de inmediato. Lo que fue de inmediato respaldado por Jesús Zambrano.

Toda esta reunión se pudo mantener en el más estricto de los secretos. Y sólo fue posible que trascendiera en esta columna por una simple y llana razón. No sería viable hacer este relato tan esperado por muchos como una muestra de la tranquilidad política a la que aspiramos si no fuera por el pequeño detalle de que esto nunca sucedió.

Simple y sencillamente me permití este pequeño permiso para recordarles que hoy es el Día de los Santos Inocentes. Perdón palomitas yo también quisiera ver algo así algún día.

La primera piedra

A partir de la próxima semana estoy de vacaciones y eso sí no es broma.

ecampos@eleconomista.com.mx