Se cuenta una anécdota popular de que Alfonso Martínez Domínguez, en los tiempos del PRI-gobierno autoritario, tenía un dicho: “A los periodistas hay que darles tres cosas: cariño, porque les gusta que los apapachen; miedo, porque es lo más cercano al respeto, y hay que darles dinero, mucho dinero”. Parece que el espíritu de este oscuro personaje estuvo detrás de la inverosímil aprobación de la Ley General de Comunicación Social por parte del PRI y sus aliados en el Senado la semana pasada. Se suponía que esta ley regularía los gastos por ese concepto en las dependencias federales para eliminar la discrecionalidad en su uso y ya no destinarlos, por ejemplo, a gastos publicitarios de secretarios y del propio presidente. Pero el texto aprobado legitima un marco normativo para la discrecionalidad y para el control sobre los medios. La oposición la bautizó como “la ley chayote”. Esta lamentable aprobación perpetuará el uso arbitrario de cómo distribuir el gasto en publicidad oficial y será un instrumento para la censura que atenta contra la libertad de expresión. La contradicción es que, como muy probablemente el PRI ya no estará en el gobierno, le obsequian esta ley a la próxima administración.

Estrictamente este gasto debería ser para difundir información, programas, metas y datos de la dependencia y no de la imagen de su titular. Pero se hace una simulación y un monto importante termina siendo para la promoción personal. Por ello, los secretarios de estado eligen cuidadosamente a una persona de su entera confianza para ocupar ese puesto, bajo sus órdenes directas. Según datos del presupuesto federal en el portal de la Secretaría de la Función Pública, en el 2017 el concepto 3600, servicios de comunicación social y publicidad, ejercido fue de 8,500 millones de pesos. El desglose por dependencias es muy transparente, así por ejemplo, la Presidencia gastó 32 millones de pesos; el IMSS, 507 millones; Sedesol, 600 millones, y Hacienda, 124 millones.

¿Necesita el gobierno federal gastar tanto en comunicación social ante las grandes necesidades como educación y salud? ¿Por qué el IMSS necesita ese monto en vez de destinarlo a la mejora de sus servicios? ¿Por qué Peña Nieto requiere 32 millones de pesos para convencernos de sus logros? Me gustaría saber ¿en qué gastó el secretario Meade 340,000 pesos diarios bajo ese concepto en el 2017 (incluidos sábados y domingos)? Es demasiado dinero de los contribuyentes que podría destinarse a un uso mejor.

Aparentemente, como proporción del total, el gasto de la Presidencia parecería una proporción mínima. No obstante, hay maneras en que este rubro de las dependencias puede redireccionarse a la Presidencia, por lo que el monto reportado seguramente está subestimado.

Colofón: un ejemplo de mal uso es el engaño de la publicidad del SAT que para la declaración anual nos dice que basta con “revisa, acepta, envía”. Pero miles de contribuyentes descubrieron errores en su información precargada, a tal grado que el SAT tuvo que otorgar 15 días de prórroga para la entrega de la declaración. Podrían haberse ahorrado la publicidad, ¿no cree usted?

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