A año y medio de que la economía mundial enfrentara el choque de la pandemia, y de que gradualmente en distintas partes del mundo se ha iniciado un proceso de recuperación, los países y regiones enfrentan, por un lado, un proceso de desaceleración (e incluso freno) de la recuperación, a lo que se suman fenómenos derivados de condiciones previas o magnificados por nuevas afectaciones estructurales, que crean retos complejos y mayúsculos para los países y los gobiernos.

Con distinta intensidad, muchos países enfrentan fenómenos inflacionarios, que no siempre puede ser contenidos con instrumentos tradicionales de política monetaria; usualmente útiles ante inflaciones derivadas de expansión económica (como fenómenos monetarios) y no necesariamente, como en el presente, de disrupciones a procesos y cadenas de producción y distribución.

En México el consumo apenas empieza a mostrar signos de recuperación, pero desde inicios del año ya se presentaba la inflación. La pregunta además que hoy enfrentan los bancos centrales es, sí cambiar la trayectoria de la tasa de referencia para contener la inflación es adecuado, cuando el crecimiento económico aún no es estable.

Por otra parte, muchos indicadores a nivel mundial muestran que la desigualdad se ha profundizado como resultado de una conjunción de fenómenos. El golpe de reducción a los ingresos de las familias producto del cierre económico, afectó en términos absolutos más a los hogares de menores ingresos, pues si bien en porcentaje la caída pudo haber sido mayor para grupos de ingreso medio, los hogares más precarios ya enfrentaban una condición de fragilidad económica y sufren más ante una contracción del ingreso.

Adicionalmente, la inflación tiende a afectar más a los hogares de menor nivel de ingreso. Los rubros que se han visto más afectados por la inflación en el presente año en México tienen un porcentaje más elevado de participación en la canasta de consumo de los hogares de menor nivel de ingreso, como los alimentos. En los hogares de mayor nivel de ingreso, dichas mercancías representan un porcentaje menor y su impacto es proporcionalmente menor.

Finalmente, hoy es evidente que los mecanismos de ahorro y de inversión de los deciles de hogares de mayor nivel de ingreso, son más defensivos frente a fenómenos de inestabilidad económica. Inclusive en momentos coyunturales con diferenciales negativos entre la tasa de interés y la inflación, existe un mínimo de compensación que en los grupos sin ahorro no existen. Asimismo, el crecimiento que pueden tener los precios de activos financieros bursátiles genera un incremento del patrimonio y riqueza de los deciles de hogares con más ingreso, lo que compensa el impacto económico e incluso crece por encima de la economía.

Así se observó después de la crisis del 2008, cuando el crecimiento del PIB fue muy inferior a la tasa de crecimiento del patrimonio de los hogares más ricos. Y eso sin mencionar que el crecimiento del valor de esos activos no permite que sean gravados a través de mecanismos fiscales tradicionales.

Este conjunto de fenómenos requiere políticas públicas claras, requieren políticas fiscales y de gasto congruentes y genuinamente distributivas, requiere atraer inversiones que permitan la recuperación de los empleos y el crecimiento de los salarios promedio en la economía; pero cómo lo más probable es que ello no ocurra, veremos una profundización de los factores que alimentan tanto el descontento social, como la posterior aceptación de políticas populistas.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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