Escribo el presente artículo sin conocer el resultado de las elecciones pero espero que el proceso electoral haya concluido exitosamente y no quede duda de quién resultó electo y que quienes hayan salido derrotados acepten la decisión del pueblo. Ahora, sin importar quién haya resultado electo presidente y cómo haya quedado conformado el Congreso de la Unión, es claro que hay retos que atender en lo inmediato. Destaco tres.

El primero concierne al TLCAN. A lo largo del proceso de renegociación nos hemos enfrentado a una posición dura (podríamos decir que hasta intransigente) en puntos medulares por parte de Estados Unidos y con la incertidumbre de a ver en qué momento Trump decide sacar a su país del mismo. Inclusive mismo señaló que no firmaría ningún acuerdo antes de las elecciones legislativas en noviembre, lo que introduce aun más riesgo al proceso. En este escenario, el gobierno de México tiene que dejar claro que es importante seguir adelante con las negociaciones y sacar un acuerdo aceptable para las tres partes. Sea que la renegociación la continúe sólo el equipo actual o se incorporen miembros del siguiente gobierno, no nos podemos permitir caer en un impasse.

El segundo reto inmediato concierne a la elaboración del Presupuesto de Egresos de la Federación. Es obvio que es muy corto el lapso entre la fecha en que el nuevo presidente asuma el cargo y la establecida constitucionalmente para que envíe al Congreso la iniciativa de la Ley de Ingresos y del Proyecto de Presupuesto, por lo que tiene que haber una estrecha colaboración entre el equipo del gobierno saliente y del entrante y dejar prácticamente elaborado en su totalidad el paquete económico para el próximo año. Como ha sucedido en transiciones anteriores, el gobierno saliente ha sido el encargado de la elaboración de ambas iniciativas y el entrante le hace los ajustes que considere pertinentes. De lo que no queda duda es que hacer ajustes mayores para el primer año de gobierno en la composición del presupuesto no es tarea fácil, más aun cuando una parte significativa del mismo está comprometida en rubros como sueldos, pensiones y servicio de la deuda pública, y muchos otros rubros tienen una inercia estructural difícil de romper inclusive porque muchos programas de gasto son resultado de mandatos constitucionales. En este escenario, el nuevo gobierno tiene que enviar la señal de que está comprometido con finanzas públicas sanas, lo que incluye no incurrir en un déficit primario.

El tercero concierne al combate a la corrupción. Es claro que uno de los elementos centrales en el proceso electoral fue el enojo de la ciudadanía respecto de este cáncer y de ahí que los diferentes candidatos se hayan comprometido, en mayor o menor grado, con emprender una lucha contra ésta. Aunque el nuevo presidente no tenga facultad de enviar formalmente ninguna iniciativa de ley al Congreso sino hasta que asuma el cargo, sí puede influir (inclusive en colaboración con el presidente Peña) para que el nuevo Congreso discuta y apruebe disposiciones legales que son muy relevantes para enfrentar este flagelo como son la reforma al Artículo 102 constitucional para tener una fiscalía general verdaderamente autónoma y las reformas a las leyes de obras públicas y de adquisiciones. Quien vaya a asumir la Presidencia en diciembre tiene que enviar rápidamente la señal de que el combate a la corrupción va en serio y que para ello es necesario fortalecer el marco institucional.

Le deseo al próximo presidente suerte en su encargo para que México llegue a ser un país más próspero y más equitativo.

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Profesor de Economía, ITAM. Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.