México enfrenta un serio problema (en el presente y en el futuro) en relación con sus adultos mayores. La evolución de los ingresos de los hogares, la demora que se tuvo en reformar y construir un sistema de pensiones que atendiera a los cambios demográficos y la falta de profundidad en temas fundamentales del actual sistema de pensiones, provocan y provocarán en las siguientes décadas una enorme fragilidad financiera para la mayor parte de los adultos mayores en el país.

El crecimiento de la esperanza de vida y la disminución de la tasa de natalidad, provocan que la proporción de adultos mayores haya aumentado significativamente en las últimas décadas y, que en los siguientes 50 años en México la proporción de la población de más de 65 años pase de 8% actualmente a cerca de 40% dentro de 50 años. Y aunque puede parecer mucho tiempo, la progresión de este proceso puede tener impactos desde la siguiente década.

Sumados a los aspectos estructurales mencionados, existen elementos puntuales que se deben considerar, si se quiere tener un panorama menos crítico para los adultos mayores.

De acuerdo con distintos estudios, los adultos mayores progresivamente han ido debilitando sus finanzas, incrementando su endeudamiento en un entorno de muy bajos ingresos para ese grupo.

La limitada comprensión de los impactos financieros asociados con el retiro, incluso en personas con trabajos estables y relativamente bien remunerados, lleva a una planeación subóptima que no considera factores como salarios bajos, pocos años de cotización o participación en el sector informal, lo que lleva a enfrentar el retiro sin condiciones mínimas de subsistencia.

Ello explica la discrepancia entre la edad oficial de retiro (65 años, recordando que esta edad se estableció como referencia hace más de 100 años) y la edad efectiva de retiro (aproximadamente 72 años) lo que evidencia la necesidad de trabajar más años para atender necesidades de subsistencia financiera en la vejez.

A lo anterior se suman factores de cambio sociocultural que llevan en muchos casos a que los adultos mayores estén en condición de indefensión, incluso frente a sus propias familias.

A estos problemas se suman los derivados de la epidemia. De acuerdo con los reportes de exceso de mortalidad, durante la duración de la pandemia se tiene un exceso de casi 420,000 defunciones de las cuales 300,000 se imputan directamente a la pandemia. Más de la mitad, 221,000, son personas de más de 65 años siendo 60% de estas muertes de hombres.

Ante esta desproporción aumentará la proporción de viudas, que de por sí es mayor por las diferencias significativas en la esperanza de vida. En México, la viudez está asociada a un mayor nivel de precarización, como resultado de una caída dramática en los ingresos, incluso en condiciones de viudez de pensión por viudez; así como a una mayor dependencia del apoyo familiar; pero en el entorno actual en que muchas familias han sido golpeadas integralmente (con estragos de largo plazo en la salud, con limitado acceso a empleos y menor nivel de ingreso), la calidad de vida financiera en estos grupos se deteriorará significativamente. 

Para problemas como estos no existe ninguna otra solución de corto plazo más que la canalización de recursos públicos; para entender y evitar a toda costa la precarización acelerada de un segmento de la población que de por sí, enfrenta condiciones de abandono e inequidad.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares

Lee más de este autor