Apesar de que la economía mexicana ha experimentado un crecimiento sostenido durante la última década, éste ha sido relativamente bajo e insuficiente. El gran reto para el próximo gobierno es generar las condiciones para que aumente y para ello tiene que enfrentar y resolver varios retos individuales de forma tal que la solución a cada uno de ellos guarde consistencia con la resolución de los demás y, como resultado de la consistencia interna, se materialice este gran desafío. Destaco algunos de éstos.

1. Consolidar la estabilidad macroeconómica. Uno de los mayores éxitos de los últimos años es haber alcanzado una relativa estabilidad macroeconómica caracterizada por bajas tasas de inflación. Esto se ha logrado por la combinación de tres elementos: finanzas públicas que no han sido una fuente significativa de presiones sobre la demanda agregada interna, la autonomía del Banco de México y un régimen de tipo de cambio flexible. Consolidar esta estabilidad es crucial y para ello se requiere, además de mantener estos dos últimos factores (por lo que es inaceptable la propuesta de utilizar el financiamiento primario para “financiar el desarrollo”), que se alcance un superávit primario de las finanzas públicas que permita cubrir íntegramente los intereses de la deuda interna y externa.

2. Relacionado con esto último, el gobierno tiene que aceptar que se enfrentará a una restricción presupuestal dura con muy poco margen para incurrir en endeudamiento adicional, sobre todo al ser previsible un incremento de las tasas de interés, externas e internas. De ahí que sea crucial consolidar estructuralmente los ingresos tributarios, por lo que no son aceptables tratamientos tributarios diferenciados como el que planea seguir para la franja fronteriza norte (tanto por la pérdida de ingresos como por distorsionar la asignación regional de recursos). Más aún, es necesaria la homogeneización del IVA si se planea moverse hacia un sistema de seguridad social universal.

3. Al enfrentar la restricción presupuestal dura, es indispensable que el gasto público sea ejercido cumpliendo dos requisitos: a) que se logre la mayor tasa de rentabilidad social posible; b) que sea transparente y ausente de corrupción. Respecto del primero, no puede programarse ningún rubro de gasto (corriente, pero sobre todo de inversión) sin una evaluación social (lo que, por ejemplo, no se tiene para dos proyectos: la nueva refinería y el tren maya ni, en su caso, el aeropuerto en Santa Lucía). En cuanto al segundo, es necesario fortalecer el marco institucional, en particular la legislación relacionada con las obras y adquisiciones públicas, así como el de entidades autónomas como es el INAI.

4. Un aspecto crucial es lo que se refiere al gasto social. Mucho de éste es un desperdicio de recursos, ya que no cumple con los objetivos de lograr mayores niveles de bienestar y sólo tiene un impacto marginal sobre la distribución del ingreso. En consecuencia, es indispensable una reingeniería total de éste, eliminando programas inútiles, duplicidades, etcétera.

5. Ligado con el bienestar de la población, además del gasto social que atiende a un universo particular, un reto crucial que tiene que ser atendido es eliminar las barreras legales y regulatorias a la competencia en los mercados. Mayores niveles de competencia se traducen en una asignación social más eficiente de recursos, pero además incrementa el nivel de bienestar de los consumidores, en particular el de aquellos de menores ingresos, además de tener un impacto positivo sobre la corrupción, fenómeno que daña relativamente más a este estrato de la población. Condicionar la entrega de recursos públicos federalizados a una eficiente regulación estatal y municipal es un posible camino a seguir.

La siguiente semana, retos adicionales que atender.

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Profesor de Economía, ITAM. Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.