El PRI conservó el Estado de México, Coahuila y Nayarit en una jornada caracterizada por la tranquilidad y en la que no hubo sorpresas. Las encuestas señalaron desde un inicio como ganador al partido gobernante en esos estados.

En el Estado de México, Eruviel Ávila, el candidato del PRI-PVEM-Panal ganó con 64 por ciento. En segundo lugar quedó Alejandro Encinas, del PRD-PT-Convergencia, con 23% y en tercero Luis Felipe Bravo Mena, del PAN, con 13 por ciento.

Sólo la alianza PRD-PAN hubiera generado una alternativa competitiva frente al PRI, pero Andrés López Obrador se encargó de abortarla para facilitar, vía los hechos, la victoria del candidato de Enrique Peña Nieto. Con el resultado, el Gobernador sale fortalecido en sus intenciones presidenciales.

Los resultados en Coahuila dieron como claro ganador a Rubén Moreira, del PRI-PVEM-Panal, con 65 por ciento. En segundo lugar quedó Guillermo Anaya, del PAN, que obtuvo 33 por ciento. Los candidatos del PRD y el PT-Convergencia tienen una votación marginal sumada de 2.1 por ciento. En los estados de Michoacán y Puebla ya se había dado el caso de que dos hermanos los gobernaran. En el primero los Cárdenas y en el segundo los Ávila Camacho, pero no se había dado que dos hermanos lo hicieran de manera consecutiva, como ocurre ahora.

La contienda más competitiva, como lo indicaban las encuestas, tuvo lugar en Nayarit. El candidato del PRI, Roberto Sandoval, ganó con 48 por ciento. La del PAN, Martha Elena García, alcanzó 33% y el perredista, Guadalupe Acosta Naranjo, tuvo 16 por ciento. Las encuestas señalaban que la entonces perredista García obtenía la victoria, pero el PRD eligió como su candidato a Acosta Naranjo. Es cuando el PAN le ofreció la candidatura. Si García hubiera ido por el PRD, habría ganado y también de haberse dado la alianza PRD-PAN.

La votación en los tres estados superó las expectativas, para situarse en todos los casos por arriba de 50 por ciento. La ciudadanía no hizo caso -de manera particular en Coahuila y Nayarit- de la violencia y la cobertura mediática de la misma, que tiende a agrandar el hecho.

Los resultados aquí propuestos se tomaron de las encuestas de salida dadas a conocer al cierre de la votación de ayer. Lo más probable es que sufran algún ajuste, pero serán muy menores.

El PAN y el PRD, también el PT y Convergencia están obligados a analizar el porqué de sus bajos resultados. El PRI, sin duda, tenía amplia ventaja en esos estados, pero no es la única explicación de su derrota.

La cultura política nacional no permite el reconocimiento del triunfo del otro y lo más seguro es que seremos testigos de protestas e impugnaciones que no habrán de prosperar, pero permiten justificar la derrota ante sí mismos y los simpatizantes.