Uno de los principales supuestos, y pilar en modelos económicos, es que los individuos, empresas y gobiernos toman decisiones con el objetivo de maximizar su satisfacción con el menor esfuerzo posible, es decir incrementar su eficiencia.

Indicadores de eficiencia económica incluyen bienes y servicios adquiridos al menor costo y mano de obra que genera la mayor producción posible al menor salario.

Eficiencia es uno de los fundamentos básicos del comercio internacional. Según David Ricardo, los países deben de especializarse en la producción y exportación de aquellos bienes que pueden producir a los menores costos relativos. Esto hasta hoy es el principal argumento en favor de la globalización. La actual crisis sanitaria hizo evidente importantes desventajas de la globalización como el amplio flujo de mercancías y la movilidad de personas, así como la existencia de cadenas globales de suministros facilitaron la dispersión del virus SARS-COV-2, y al mismo tiempo generaron una disrupción en el abasto de suministros médicos esenciales.

En los mercados financieros la eficiencia se alcanza cuando, como fue descrito por Eugene Fama en 1970, los precios de las acciones incorporan toda la información posible acerca de su valor futuro haciendo imposible que inversionistas compren acciones subvaloradas o las vendan a precios inflados. Esto es un ideal difícil de alcanzar como hemos podido constatar recientemente con la guerra de precios de las acciones de GameStop entre inversionistas institucionales y minoristas, y en general con la incongruencia entre los mercados financieros y la economía real.

Los economistas contemporáneos han creado modelos de equilibrio, para el estudio de como se organizan los agentes económicos para producir y distribuir los medios de subsistencia, basados en la búsqueda de la eficiencia o la maximización de su utilidad. Estos modelos después son utilizados para explicar fenómenos y dictar políticas económicas. Sin embargo, como argumenta el economista británico Robert Skidelsky, estos modelos no toman en cuenta la sostenibilidad a través del tiempo, lo que es eficiente hoy no quiere decir que será eficiente en el futuro. 

La búsqueda de la eficiencia a toda costa ha llevado al planeta a una situación desesperada, el enfoque limitado en el costo actual del uso de recursos naturales, y no en lo que le ha costado a la naturaleza producirlos, ha llevado a un consumo excesivo que, de continuar, llevará al planeta a perder la capacidad de sustentar la vida humana.

Por otro lado, las materias primas son importantes, pero sin la participación de los humanos para explotarla, transformarla y consumirla no sirven de nada. ¿Por qué los salarios son un costo a minimizar?

¿Por qué la obsesión con la productividad laboral? El objetivo de incrementar constantemente la eficiencia en la producción de bienes no es compatible con empleo, salarios y por lo tanto el consumo sustentable.  

Sería mas sensato plantear un problema cuya solución lleve a minimizar el daño social y ambiental en vez de maximizar utilidades o incrementar la eficiencia en el corto plazo. Es necesario determinar variables que representen un mayor bienestar social y la supervivencia sostenible a largo plazo para plantear las ecuaciones a resolver y crear los modelos simplificados que se puedan usar en la formulación de políticas.

Este planteamiento, sin duda, llevará a un cambio de paradigma con cuestionamientos tal vez incómodos. Avances tecnológicos deben de estar al servicio de la humanidad no sustituirla; incrementos de salarios no sólo generan inflación, también son necesarios para el consumo sostenible y finalmente el Estado, con una visión de largo plazo, deberá jugar un papel central en la próxima reconfiguración económica a nivel mundial.

lucia.buenrostro@gmail.com

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.

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