¿Por qué, sobre todo en fases de transición, los seres humanos tienden a poner fe en soluciones mágicas que no son más que espejismos? Es el caso de la muy peregrina idea de que es posible disponer para financiar gasto público de las reservas internacionales del Banco de México y que nada pasará. Es decir: hay implícita en dicha propuesta la idea de que ese activo que pertenece al país no sirve para nada. ¡Por tanto, se piensa con ignorancia que es posible disponer de ellas y nada ocurrirá! Falso.

Aunque los escépticos no se hayan dado cuenta aún, las reservas internacionales son un muy importante mecanismo para proteger el nivel de los salarios internos en términos de su poder adquisitivo. Me explicaré: esas reservas conforman un muy, muy importante elemento de convencimiento para conservar la confianza de los agentes económicos en la marcha de la economía nacional. Equivale al aval que ofrece el conductor de un vehículo al darle todos los servicios que requiere y al contar también con una póliza de seguro.

Con todo realismo, si al Banco de México se le arrebataran esas reservas, no únicamente una parte muy importante de la emisión de billetes y monedas se quedaría sin garantía real alguna, además de que también el tipo de cambio con el dólar sería más alto (posiblemente bastante arriba de la cota de 20 pesos por dólar), a la vez que las tasas de interés internas también tenderían a ser más elevadas convirtiéndose en un freno adicional para el crecimiento económico.

El tema de esas reservas y el nivel de las tasas de interés merece un análisis en sí mismo y, por tanto, lo dejo pendiente para otra entrega. Al hacerlo me centraré en su vinculación causal con los salarios. Muchas personas e incluso muchos economistas profesionales no entienden que todas las devaluaciones de la moneda mexicana del pasado sólo han servido para eso: para bajar los salarios en términos reales. Al producirse la modificación nominal del precio del dólar, todos los precios de bienes comerciables se ajustan automáticamente al alza por efecto del arbitraje del comercio internacional. Sólo se quedan atrás los salarios y los precios de los bienes no comerciables, que son principalmente los servicios.

¡Los adalides de los cambios que promete la llamada cuarta transformación deben empezar a pensar en soluciones verdaderas!

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Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico