El pasado 16 de diciembre la Reserva Federal (Fed) decidió incrementar la tasa de los fondos federales en 25 puntos base, la cual había permanecido en su rango mínimo histórico de 0 a 0.25% durante siete años. Dicha medida se había tomado como respuesta al estallido de la crisis financiera del 2008 y, posteriormente, para evitar la deflación y apoyar la recuperación económica, tras la mayor crisis económica desde la Gran Depresión.

Así, la decisión de subir las tasas refleja el fin de una época extraordinaria, marcada por el mayor acomodamiento monetario en la historia de Estados Unidos y del resto del mundo y, al mismo tiempo, el inicio del periodo que buscará normalizar la política monetaria en los próximos años.

La justificación para subir la tasa de interés es doble. Primero, la Fed percibe que la disminución de la tasa de paro de 10% en el 2009 a 5% actual refleja una reducción significativa en el grado de holgura en el mercado de trabajo y posiciona a la economía cerca de cumplir el primer objetivo de su mandato: conseguir el pleno empleo . No obstante, algunos miembros consideran que todavía hay espacio para ayudar a reducir el elevado número de personas trabajando a tiempo parcial y revertir la fuerte salida de personas en edad de trabajar de la fuerza laboral.

Segundo, el banco central considera que, de continuar las tendencias actuales, la inflación podría subir de su nivel actual de 1.3% a la meta de 2% en el mediano plazo y así alcanzar el segundo objetivo de su mandato: garantizar la estabilidad de precios. Esta expectativa asume que la inflación de productos no comerciables continuará su tendencia alcista y que los efectos de la caída en los precios de la energía y de las importaciones serán transitorios. Asimismo, la Fed espera que la mejora en el mercado laboral lleve a incrementos salariales que ayuden a alcanzar el objetivo inflacionario.

Adicionalmente, la mayoría de miembros en la Fed considera que dentro del balance de riesgos, es mejor empezar a subir las tasas de interés más pronto que tarde. De esta forma, en caso de un entorno adverso, la autoridad monetaria tendría margen de maniobra para enfrentar eventualidades.

Empezar a subir las tasas pronto reduce el riesgo de sobrecalentamiento en la economía, lo que requeriría alzas de tasas más agresivas. En este escenario, la Fed no sólo estaría detrás de la curva, sino que los movimientos más agresivos y rápidos de la tasas podrían poner en riesgo la recuperación económica. Con todo, a pesar de la divergencia de estrategia con otros bancos centrales y de las incertidumbres sobre la fortaleza del crecimiento global, la Reserva Federal también consideró los avances en el Congreso para llegar a un acuerdo presupuestario y el hecho de que los mercados tenían ampliamente descontada la decisión del alza.

El proceso de normalización se va a producir con cautela y será gradual, para permitirle a la institución tener una valoración adecuada del balance de riesgos y no poner en jaque el crecimiento económico, al tiempo que se evita un alza significativa en la inflación. En la medida que la Fed se sienta cómoda con el ciclo de alzas, podría acelerar el paso. No obstante, será cautelosa y estará atenta al comportamiento de los mercados financieros y a la forma en que la economía absorba la normalización monetaria para poder reaccionar adecuadamente en caso de tener que ser más o menos gradualista.

Finalmente, la política monetaria sigue siendo acomodaticia. Los fondos federales se encuentran 300 puntos base por debajo del nivel que se puede considerar neutral. Además, la Fed continuará reinvirtiendo los intereses y el capital ligado a los bonos que mantiene en su balance, que se ha mantenido estable en alrededor de 4.5 billones de dólares en los últimos 18 meses. Esto significa que, a pesar de un ligero encarecimiento del dinero, la economía en su conjunto seguirá beneficiándose de una política monetaria acomodaticia. Para los hogares, las empresas y el resto de países, las ventajas de un crecimiento económico más sólido deberían ser mayores que los efectos negativos del aumento en los costos de financiamiento.

* Economista jefe de Estados Unidos de BBVA Research.El pasado 16 de diciembre la Reserva Federal (Fed) decidió incrementar la tasa de los fondos federales en 25 puntos base, la cual había permanecido en su rango mínimo histórico de 0 a 0.25% durante siete años. Dicha medida se había tomado como respuesta al estallido de la crisis financiera del 2008 y, posteriormente, para evitar la deflación y apoyar la recuperación económica, tras la mayor crisis económica desde la Gran Depresión.

Así, la decisión de subir las tasas refleja el fin de una época extraordinaria, marcada por el mayor acomodamiento monetario en la historia de Estados Unidos y del resto del mundo y, al mismo tiempo, el inicio del periodo que buscará normalizar la política monetaria en los próximos años.

La justificación para subir la tasa de interés es doble. Primero, la Fed percibe que la disminución de la tasa de paro de 10% en el 2009 a 5% actual refleja una reducción significativa en el grado de holgura en el mercado de trabajo y posiciona a la economía cerca de cumplir el primer objetivo de su mandato: conseguir el pleno empleo . No obstante, algunos miembros consideran que todavía hay espacio para ayudar a reducir el elevado número de personas trabajando a tiempo parcial y revertir la fuerte salida de personas en edad de trabajar de la fuerza laboral.

Segundo, el banco central considera que, de continuar las tendencias actuales, la inflación podría subir de su nivel actual de 1.3% a la meta de 2% en el mediano plazo y así alcanzar el segundo objetivo de su mandato: garantizar la estabilidad de precios. Esta expectativa asume que la inflación de productos no comerciables continuará su tendencia alcista y que los efectos de la caída en los precios de la energía y de las importaciones serán transitorios. Asimismo, la Fed espera que la mejora en el mercado laboral lleve a incrementos salariales que ayuden a alcanzar el objetivo inflacionario.

Adicionalmente, la mayoría de miembros en la Fed considera que dentro del balance de riesgos, es mejor empezar a subir las tasas de interés más pronto que tarde. De esta forma, en caso de un entorno adverso, la autoridad monetaria tendría margen de maniobra para enfrentar eventualidades.

Empezar a subir las tasas pronto reduce el riesgo de sobrecalentamiento en la economía, lo que requeriría alzas de tasas más agresivas. En este escenario, la Fed no sólo estaría detrás de la curva, sino que los movimientos más agresivos y rápidos de la tasas podrían poner en riesgo la recuperación económica. Con todo, a pesar de la divergencia de estrategia con otros bancos centrales y de las incertidumbres sobre la fortaleza del crecimiento global, la Reserva Federal también consideró los avances en el Congreso para llegar a un acuerdo presupuestario y el hecho de que los mercados tenían ampliamente descontada la decisión del alza.

El proceso de normalización se va a producir con cautela y será gradual, para permitirle a la institución tener una valoración adecuada del balance de riesgos y no poner en jaque el crecimiento económico, al tiempo que se evita un alza significativa en la inflación. En la medida que la Fed se sienta cómoda con el ciclo de alzas, podría acelerar el paso. No obstante, será cautelosa y estará atenta al comportamiento de los mercados financieros y a la forma en que la economía absorba la normalización monetaria para poder reaccionar adecuadamente en caso de tener que ser más o menos gradualista.

Finalmente, la política monetaria sigue siendo acomodaticia. Los fondos federales se encuentran 300 puntos base por debajo del nivel que se puede considerar neutral. Además, la Fed continuará reinvirtiendo los intereses y el capital ligado a los bonos que mantiene en su balance, que se ha mantenido estable en alrededor de 4.5 billones de dólares en los últimos 18 meses. Esto significa que, a pesar de un ligero encarecimiento del dinero, la economía en su conjunto seguirá beneficiándose de una política monetaria acomodaticia. Para los hogares, las empresas y el resto de países, las ventajas de un crecimiento económico más sólido deberían ser mayores que los efectos negativos del aumento en los costos de financiamiento.

* Economista jefe de Estados Unidos de BBVA Research.