La semana pasada los especuladores pusieron en jaque al euro. Forzando a la Unión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) a apostar fuerte por la moneda, después de procrastinar durante varios meses. La crisis del crédito soberano de los llamados países PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España) puso al descubierto una deficiencia fundamental del euro, la falta de una política fiscal común en una unión de economías sujetas a choques asimétricos. Desde el inicio se les advirtió esta situación a los padres del euro; sin embargo, creyeron que esto podía superarse exigiendo a los países miembros el cumplimiento de exigentes parámetros de convergencia y la vigilancia de los mercados de deuda y de las calificadoras de crédito. Durante una década todo fue bien para el euro hasta que el colapso de la burbuja de crédito estadounidense y la recesión que le siguió, destruyeron sus ilusiones.

Nada funcionó, como ocurrió en EU, los mercados de crédito y las calificadoras de riesgo crearon la sensación de estabilidad y seguridad que atrajo liquidez, luego hicieron lo contrario, generando inestabilidad financiera y económica al demandar ajustes excesivos e inoportunos en la postura fiscal de los PIGS y en todo el mundo. Esto es muy peligroso para la estabilidad financiera global, ya que hoy 65% del Producto Interno Bruto (PIB) del mundo se genera en países con déficit fiscales insostenibles. El desempeño de la Comisión Europea no fue mejor, permitió que entraran a la zona del euro países que no cumplían con los criterios de convergencia, como Grecia, además de que carece de dientes para obligar a los países miembros a continuar cumpliendo con estos parámetros.

La situación macroeconómica de la zona de euro es manejable. La cuenta corriente está balanceada, la posición neta de activos externos es positiva, la deuda pública aunque alta no es excesiva ni lo es el déficit público (4.5% del PIB) que se financia con ahorro de la región, pero al interior de la zona persisten desequilibrios. En Alemania, Holanda y Austria, la demanda doméstica es débil, la tasa de ahorro alta, la inflación baja, la competitividad y los superávit de la cuenta corriente altos, en cambio, antes de la crisis, en España, Portugal, Grecia e Irlanda la demanda doméstica era fuerte, la inflación relativamente alta, la competitividad baja y los déficit de cuenta corriente altos. Después de la crisis este déficit de cuenta corriente que inicialmente se generaba en el sector privado, se convirtieron en déficit públicos como resultados de las políticas contracíclicas en la mayoría de los casos y por indisciplina crónica en el caso de Grecia. El resultado acumulado de estos desequilibrios es deuda pública y privada en euros de los PIGS y activos en los balances de los bancos e inversionistas del norte de Europa. Es deuda en euros y principalmente entre países miembros de la unión monetaria.

Aunque llega tarde, el rescate del euro es contundente. La Unión Europea y el FMI ofrecerá garantías hasta por 750,000 millones de euros, lo cual cubre las necesidades de fondeo de los PIGS durante los próximos tres años y el BCE hará, según su declaración, lo que sea necesario para mantener a los mercados líquidos y ordenados. Dada su capacidad única de impresión de euros, y el apoyo de la Fed en dólares, el BCE logrará su objetivo. Lo que sucederá a mediano plazo dependerá de muchos factores, la oportunidad y costos de los programas de ajuste macroeconómicos, de la reestructura de las deudas y sobre todo de que se pueda diseñar e implementar un mecanismo de coordinación de las políticas fiscales de los Estados miembros. La estabilidad de una moneda es demasiado importante para dejarlo en mandos de los mercados.

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