Poca discusión al respecto, la semana cuatro de campaña es la semana de primer debate presidencial, con sus componentes pre y post que podrían ser más importantes. Los predebates los prepararon así: López Obrador decidió decir que “no se prepararía” y subió a las redes fotos con su hijo Jesús pegando estampitas en el álbum del Mundial. La foto debemos considerarla parte de la campaña, su preparación fue más mental y no de ensayos y creo que hizo lo correcto. Debía ir a no engancharse. Anaya no estaba muy presente antes del debate, pero parece que la estrategia era bajar la expectativa; se le conocía su capacidad para el debate, pero llegar con altas expectativas era peligroso así que decidió no generarlas. Meade la trabajó, presionó la semana previa a AMLO con el aeropuerto, el viernes previo el aspirante independiente Ríos Piter se unió a su campaña y, el sábado, mandó un dardo para poner nervioso a Anaya al anunciarse que el gobernador perredista de Michoacán, Silvano Aureoles, retiró su apoyo al candidato del Frente y declaró que apoyará a Meade (ni el aeropuerto ni el anuncio del gobernador se mencionaron en el debate). El Bronco circuló un video para que nos fijáramos en sus primeros dos minutos de debate, algo de interés, como sea, ese aviso de dos minutos no lo cumplió. Y Margarita siguió con su discurso de la inequidad, pero en una postura muy suave.

En el debate, el que mejor se desenvolvió fue —y no es solo percepción mía— Ricardo Anaya. Se vio seguro y preparado, fue quien mejor entendió el formato y el control de tiempos, él único golpe que le envió Meade lo respondió con fuerza y el que le lanzó Margarita no lo recibió, lo que va con su estrategia. Él iba sobre AMLO y para muchos, incluyéndome, fue “la reaparición” del candidato del Frente que no había generado nota destacada en 23 días de campaña previos. Su mensaje de inicio y de cierre resume la estrategia con la que ha insistido cuatro semanas: la contienda es solo de dos, y los ciudadanos deben elegir el tipo de cambio, es decir, descartando al PRI.

López Obrador, el candidato que lleva la delantera en las preferencias, fue a mantener esa ventaja, a cuidarla, a no cometer errores, a no engancharse pero dando la cara; no cometió el error de no ir como en 2006 pero no fue a atacar, ¿para que? Dejó pasar los ataques que sabía le vendrían tanto de Anaya como de Meade, responderles hubiera sido fijar la agenda en esos temas y él lo sabe. Lleva muchas campañas. En retrospectiva, en la primera mitad del debate eran todos contra él y, en la segunda, se relajó cuando se enfrentaron sus dos principales oponentes, pero en ese momento pudimos ver que tuvo una pequeña distracción y sí cayó en una trampa que le puso Meade y que le dio a este un tema para el posdebate: negó la propiedad de dos departamentos que no anotó en su declaración 3de3. Creo que lo hizo, primero, porque tiene la conciencia tranquila en ese tema ya que hace más de 10 años los cedió a sus hijos y, segundo, porque no la identificó como una trampa. Meade para ese momento ya tenía los documentos oficiales donde ese movimiento legal no se ha concluido y los departamentos aún aparecen en el Registro Público de la Propiedad a nombre de AMLO. Lo peor fue que de él mismo salió un “Si es cierto te los regalo” que fijó el tema.

Meade, fuera de este tema de los departamentos no hizo un buen debate, sin errores y con propuestas podría decirse que fue el Meade que conocemos, serio, técnico, profesional, pero poco efectivo para comunicar emociones (ni cuando habló de que a su esposa la asaltaron fue capaz de mostrar algo de emoción), su ataque a Anaya, si bien entendible porque no podía dejar que se fuera sin golpes, terminó ayudando a AMLO. Debemos recordar que Meade es el tercer lugar en las encuestas, por tanto el más urgido de forzar los movimientos en las preferencias.

El Bronco, Jaime Rodríguez, podemos decir que estuvo bien. Buscaba ser protagonista y lo consiguió. Sabía que ningún adversario le iba a presentar frente así que él mismo buscó la nota con discursos directos y disruptivos, incluso puede que en la historia de este debate lo que más se recuerde sea su propuesta de “mochar” las manos a los políticos corruptos. No podemos juzgarlo con mayor visión de que cumplió el objetivo al que iba, darse a notar.

Margarita, ensayada en sus discursos pero titubeante en las preguntas para las que no estaba preparada, recibió un buen entrenamiento para emocionar al hablar pero no fue bien capacitada para escuchar y las tomas cuando no hablaba no le favorecían. Su estrategia fue hablarle a nichos, sobre todo a las mujeres, se distrajo mucho en defender el gobierno de su esposo y la desgracia para ella fue que nadie le hizo caso, ningún adversario le habló salvo un ligero “Deja de defender a tu esposo” de El Bronco y un estratégico “No” que se dio el lujo de decir Anaya cuando le pidieron responder un ataque de ella.

¿Y el posdebate? El único que lo preparó fue Meade. A partir del martes, cuando ya habían pasado los análisis del debate, los temas de los que se empezaron a hablar fueron la amnistía y los departamentos, la interpretación sobre la propiedad de ellos fue un tema en todos los programas de noticias y de análisis. Por el contrario, Anaya volvió a desaparecer, su triunfo puede quedar en un buen debate pero si no aprovecha perderá el momentum.

AMLO parece ver el debate como un punto que no es importante, se salió de él sin saludar y al día siguiente ni entrevistas daba. Siguió recorriendo el país como si nada hubiera pasado y subió unos decibeles el tono de sus discursos advirtiendo la guerra sucia que se le prepara con la difusión de un documental y pidiendo a sus seguidores en redes sociales que, sin ofender pero con creatividad, lo defiendan y respondan los ataques. Esto, por cierto, es una novedad en las campañas, hacer esta solicitud abierta es reconocer su fortaleza en este medio y la importancia que les da a las redes sociales en la campaña. Para él fijar ahí la conversación parece más importante que los spots en medios tradicionales.

Roy Campos

Presidente de Consulta-Mitofsky

Números, Opinión y Política

Presidente de Consulta-Mitofsky, Actuarío y de Matemático por la UNAM, con maestrías de Estadística y Actuaría en el Centro Interamericano de Estudios de Seguridad Social, y Diplomados en Análisis Político, en Alta Dirección Empresarial y en Mercadotecnia entre otros. Imparte cursos de Estadística, de Matemáticas y de mercadotecnia política en varios países, conferencista permanente sobre temas relacionados a la investigación, a la política y a los medios de comunicación.