La semana pasada sucedió algo que me llamó la atención, la caída de la plataforma de YouTube, cuestión que en realidad sólo duró un par de horas, pero que fue suficiente para convertirse en trending topic internacional, esta situación en realidad no debería ser algo extraordinario, dado que, absolutamente todos hemos sufrido de la “traición de la tecnología” presentaciones, reuniones, en servicios tales como telecomunicaciones, compras y pagos por medio de la red. 

En ese contexto, valdría la pena cuestionarse ¿qué clase de economía tenemos? Cuando se estudia sobre la historia económica, surge un concepto básico, los factores de producción, básicamente los ubicamos como tierra, trabajo y capital, sin embargo, posterior a la revolución industrial, se debe considerar un cuarto que es la tecnología.

Este último, puso en jaque no sólo a los dueños del capital, sino a los estudiosos sobre la forma de hacer negocios y analistas del entorno empresarial. Este cuarto factor  es además, el responsable del uso de plataformas tan cotidianas que ofrecen un servicio como Netflix, Amazon o Uber, cuestión que deja claro que ya no basta con tener conocimiento del entorno cercano o del sector dentro de la propia economía, sino se debe entender el contexto internacional.

La realidad que nos ha tocado vivir, implica que lo que sucede al otro lado del mundo nos afecta y viceversa, hay una conectividad implícita producto de los avances tecnológicos, las estrategias de negocio han evolucionado y hablar de producto, plaza y promoción, no tiene el mismo alcance que hace unos años.

La globalidad que hoy existe, nos ha llevado incluso a padecer una pandemia a ese mismo nivel, al grado tal que una enfermedad nos ha hecho aún más dependientes de la tecnología, puso en evidencia cosas buenas y malas, para México ha dejado entrever las debilidades en el sector salud y en el sector educativo.

Por el lado positivo, hemos visto surgir tendencias de negocio que no se habían considerado en nuestro país, simplemente por miedo al uso de estas herramientas, hoy pequeños negocios mejor conocidos como “changarros” utilizan plataformas de venta en línea y cobros con tarjetas bancarias, así como herramientas que permiten mejorar y aumentar la conectividad, plataformas como Whatsapp, Google, Facebook, Instagram, Twitter, entre otras, han reducido las brechas físicas y se han posicionado como pilares dentro del desarrollo económico. 

En contraparte, los grandes problemas del sector salud y educativo que la pandemia dejó al descubierto son principalmente la falta de recursos y tecnologías, situación que debe poner en el centro de la discusión una simple pregunta ¿Lo que hoy impulsa la sociedad y el gobierno mexicano apoya realmente el desarrollo de una economía más globalizada o no?, es bien sabido que en nuestro país el presupuesto para el 2021, no contempla aumento o cambio alguno en esos rubros, de tal suerte que seguiremos como hasta el día de hoy, con las mismas carencias, situación que a futuro puede cobrarnos una factura muy elevada. 

Considerando lo anterior, el panorama no es claro y no será sencillo de transitar. Sin embargo, contamos con herramientas más potentes que hace algunos años no existían, su aprovechamiento puede ayudarnos a salir del bache, aunque no es suficiente, la tecnología siempre debe ser vista como un medio de apoyo para la toma de decisiones, pero finalmente son las personas quienes deben tener la última palabra. Es momento de repensar el modelo de economía que tenemos y queremos, a fin de entender dónde son necesarios los ajustes. Dar dádivas para buscar clientelismos electorales no abona al crecimiento y desarrollo del país, olvidarse de los que menos tienen tampoco, no podemos continuar por inercia, es momento de innovar no sólo tecnológicamente, sino también económica, política y socialmente.

* El autor es académico de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana, consultor experto en temas económicos y de administración pública. Director fundador del sitio El Comentario del Día y conductor titular del programa Voces Universitarias.