El gobierno de Donald Trump está buscando algunos leves cambios al Tratado de Libre Comercio de América del Norte con México y Canadá, informó la semana pasada el Wall Street Journal, citando un anteproyecto que hizo circular en el Congreso la oficina del representante de Comercio de Estados Unidos. Dados los vaivenes de Trump, puede creérsele cualquier cosa.

Bajo los cambios, propuestos después de que Trump calificara el pacto como un desastre durante su campaña presidencial, Washington mantendría algunas de las disposiciones restrictivas del TLCAN, entre ellas los paneles de arbitraje que permiten a inversionistas en las tres naciones eludir los tribunales locales para resolver demandas civiles, informó el diario.

Algunos críticos dicen que estas entidades infringen la soberanía nacional. El anteproyecto, revisado por el periódico, busca mejorar los procedimientos de estos organismos para resolver disputas.

Sin embargo, un cambio importante sería una recomendación para permitir que un país que integre el TLCAN restablezca aranceles en caso de que una avalancha de importaciones cause lesiones graves o amenace con daños graves a las industrias locales, informó el medio.

El anteproyecto refiere también que el gobierno quiere establecer reglas que requieran los contratos públicos sean llevados a cabo de una manera consistente con la ley de Estados Unidos , informó el periódico.

El documento pide que se protejan el comercio y el comercio digital, que se apliquen medidas más estrictas en materia de propiedad intelectual y que las empresas estatales operen de manera comercial.

El anteproyecto está sujeto a revisión y el gobierno estadounidense debe dar al Congreso 90 días de aviso bajo la ley de comercio antes de iniciar las renegociaciones formales del TLCAN.

Las salvaguardias son una medida permitida por la legislación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para establecer aranceles temporales por un aumento súbito de las importaciones a un país que daña -o amenaza con hacerlo- a su industria nacional, pero no son de a grapa: permiten que el país perjudicado aplique medidas equivalentes en represalia. En este sentido, la aplicación de dichas medidas, nunca deseadas por parte del gobierno de Trump, podría ser compensada por la Secretaría de Economía. Si en algún sector se aplica el principio de que el pez grande se come al chico, es en el comercio internacional. México ya ha sido objeto de represalias comerciales injustas por parte de Estados Unidos (atún, transporte, manzanas, jitomates), y al final nos hemos tenido que contentar con un arreglo a medias que perjudica más a México y protege a los empresarios de Estados Unidos.

Si ya con la versión original del TLCAN Estados Unidos ha tomado toda clase de medidas proteccionistas, no creo que vaya a cambiar las cosas -tampoco para mal- si el gobierno estadounidense diseña una versión light de la renegociación. En ese caso México no tiene mucho que perder, si bien nuestras autoridades negociadoras nos han quedado a deber con más firmeza en infinitud de casos.

Otra cosa es la que menciona Singer en el libro Trump, vendedor de humo. Según el autor, a Trump no se le puede creer, aunque tuviera la lengua notarizada. Dice unas cosas y hace otras. Lo importante, según su propio libro de negociación, es que México muestre dureza y manifieste lo que perdería Estados Unidos de dar por terminado el TLCAN, pero, sea una estrategia u otra, Videgaray e Ildefonso Guajardo nos han quedado a deber en la relación bilateral con el payaso que dirige la Casa Blanca. Hay que estar libre para todos los escenarios, sin dejarnos seducir por las promesas huecas de Trump. Pero, si por esta ocasión, sus condiciones son relativamente light, hay que aprovecharlas. Si no, mejor no tener tratado a tener un mal tratado.

*Máster y Doctor en Derecho de la competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife& Caballero.