La saturación de los mercados tradicionales de los operadores de telecomunicaciones, la convergencia de servicios y el deseo de los gobiernos de incrementar los accesos y cobertura de banda ancha son algunas de las razones por las que los gobiernos de América Latina y el Caribe están mirando con sumo optimismo la concesión de licencias de espectro radioeléctrico dirigido a la implementación de nuevas tecnologías. La asignación óptima de este recurso escaso debe girar en torno de tres ejes esenciales: los sistemas de entrega, las pautas de cobertura y los tiempos de despliegue que se imponen como límite para el lanzamiento comercial de los servicios.

Uno de los mayores peligros que afrontan los entes reguladores de la región es que una licitación sea declarada desierta al no generar interés de nuevos actores o que el ganador de una licencia no sea capaz de ofrecer servicios comerciales con el espectro adquirido. Esto se puede dar por varias razones:

-Demoras en el proceso de otorgar nuevas licencias permitiendo a los operadores ya establecidos incrementar su posición en el mercado por medio de estrategias agresivas de adquisición de clientes.

-Distribución geográfica de las concesiones que permite a las empresas interesadas seleccionar sólo aquellas regiones con un mayor ingreso per cápita y/o mayor densidad poblacional.

-Otorgar licencias a operadores que carecen del capital para financiar el despliegue de infraestructura que permita el lanzamiento comercial de servicios.

Entre los ejemplos que ilustran lo mencionado se encuentran los atrasos en la liberalización de los mercados de telefonía móvil de Costa Rica, Surinam y Bahamas. En contraste, el requisito de las autoridades brasileñas de atar la atractiva licencia de IMT-2000 de la ciudad de Sao Paulo con las de la región norte de Brasil buscaba evitar la falta de interés por parte de los operadores en adquirir ancho de banda IMT-2000 en los estados de Amazonas, Amapá, Pará, Maranhão y Roraima, y a su vez los fuerza a cumplir con los requisitos de cobertura del nuevo espectro adquirido.

Finalmente, la falta de financiamiento es también un grave problema para los entes reguladores que han visto cómo empresas con dificultades para encontrar financiación han atrasado, limitado e incluso anulado despliegues de infraestructura a través de toda la región. Los servicios que pueden prestarse sobre la concesión del espectro son otro elemento fundamental de la regulación. Limitar la oferta puede atentar contra la agnosticidad tecnológica que defienden la mayoría de los entes reguladores. Este acercamiento por parte de los entes reguladores se basa históricamente en intentos por maximizar el número de concesiones como también el dinero que se recauda de las mismas.

Una de las principales dificultades del marco regulatorio regional es que muchas leyes existentes no contemplaban al momento de ser aprobadas los cambios tecnológicos que se han producido en el sector.

El espectro radioeléctrico es un activo finito de los gobiernos que puede acelerar la llegada de telecomunicaciones a zonas rurales o de bajo poder adquisitivo. Sin embargo, es importante entender las limitaciones que la oferta tecnológica para estas bandas posee, sobre todo cuando compiten en accesos de banda ancha con alternativas cableados como el DSL, la fibra óptica y el cable módem.

*José F. Otero es presidente de Signals Telecom Group.

Twitter: @Jose_F_Otero