Aprender a leer es la cosa más importante que me ha pasado en la vida

Mario Vargas Llosa

Con enorme preocupación me entero que, por decisión presidencial, este 7 de junio los niños de la Ciudad de México regresarán a clases presenciales. El tema no es menor. Desde luego que los pedagogos y psicólogos del mundo estamos muy interesados en que los menores vuelvan a tener una vida más “normal” y que su aislamiento forzoso no les traiga consecuencias como los problemas de adaptación, de desarrollo emocional o que se les dificulte su socialización ni su capacidad de aprendizaje. Es obvio que los humanos somos animales gregarios y que en buena medida nuestra estabilidad mental y física depende de poder establecer contacto y relacionarnos con otros.

Además de los anterior, es cierto también que especialmente las mamás, trabajen o no, han cargado mayoritariamente con la responsabilidad de que sus hijos, en medio de la pandemia y en condiciones económicas muy difíciles, tomen sus clases a distancia, hagan sus tareas y exista un cierto orden en la vida dentro de la casa. La labor ha sido titánica y no sabemos bien a bien que efectos a largo plazo tendrán las enormes dificultades que hemos enfrentado todos, grandes y chicos, desde el 2020.

La situación del aprendizaje de la lecto-escritura en nuestro país ha estado mal desde hace muchos años y con el encierro las cosas se pueden poner mucho peor. Recordemos los pobres resultados de la prueba Enlace (actualmente desaparecida) o los lamentables datos que han arrojado las evaluaciones de PISA (examen de la OCDE que también quiere desaparecer la 4T) para saber, como diría el optimista Murphy: lo que puede empeorar siempre empeora. Para decirlo claro, a los niños mexicanos no les gusta leer por que no comprenden lo que leen.

Leer y escribir es uno de los aprendizajes más complejos en la vida del ser humano y los resultados de más de 10 años de aplicar estos exámenes son poco alentadores. La mayoría de los alumnos de tercero a sexto de primaria e incluso los de secundaria y bachillerato tienen niveles insuficientes o elementales en matemáticas y español. Incluso en secundaria se registra el desempeño más bajo de todo el sistema de educación del país. Más aún, los jovencitos entre 15 y 16 años muestran un peor rezago en el aprendizaje de estas materias —de entre un 3 y 5 por ciento más— en comparación con países de desarrollo económico similar. 

Imaginemos ahora, con estos antecedentes, que ha pasado en estos largos meses en los que los niños no han pisado las aulas. El pronóstico es reservado. Pero hay algo más importante que el aprendizaje: la vida misma. El ansiado regreso a clases no es algo que pueda decidir un solo hombre, aunque se trate del primer mandatario de nuestro país. Aquí me surgen muchas preguntas que por el momento no tienen respuestas claras:

- ¿Las escuelas mexicanas tienen los servicios que garanticen que no se volverán un sitio de contagio que ponga en peligro la vida de niños y adultos?

- ¿Todos los centros escolares tienen agua, lavabos, jabón y espacio en las aulas para cumplir con la sana distancia?

- ¿Se va a sanitizar diariamente a todas las escuelas? ¿Cada cuando?  ¿Van a proveer de cubrebocas, gel y desinfectantes para los niños, adultos y el mobiliario escolar?

- ¿Los padres que acudan a llevar o recoger a sus hijos están todos vacunados? - ¿Están capacitados los padres y maestros para cumplir con las especificaciones que impidan los contagios?

- ¿Aguantarán los niños tomar clases con el cubrebocas puesto durante varias horas al día? ¿Cómo se van a llevar a cabo en forma segura los recreos? 

En fin, más allá de vacunar a los maestros por motivos clientelares, todo lo anterior me hace pensar que el regreso a clases es muy importante, pero si y solo si se consideran todos los diversos factores de riesgo y se les controla.

Estamos entre la espada y la pared y por si fuera poco a unos cuantos días del inolvidable 6 de junio.  Ojalá el afán de poder y la ambición personal no haga que se tomen decisiones peligrosas y precipitadas. Cuidado. 

Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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