Una de las condiciones para lograr un proceso sostenido de desarrollo económico, caracterizado por un aumento continuo en el nivel de bienestar de la población, es que los diferentes agentes económicos (familias, empresas, sindicatos, gobierno, etcétera) enfrenten un conjunto de reglas eficientes que normen su comportamiento y su interacción. Existen dos tipos de reglas: las formales que son principalmente las leyes y reglamentos vigentes, y las informales que son las normas sociales de comportamiento.

Las reglas formales tienen tres funciones primordiales. La primera, la más importante, es definir los derechos privados de propiedad, entendidos como la asignación exclusiva que se le hace a un individuo de un recurso para que éste decida libremente su utilización, mientras en el ejercicio de tal libertad respete los derechos de propiedad de terceros. La segunda función es generar las condiciones para que los mercados de bienes, servicios y factores de la producción operen en condiciones de competencia, tanto interna como frente al exterior. Finalmente, la tercera función del marco legal es permitir el surgimiento y crecimiento de nuevos mercados derivados, por una parte, de las cambiantes necesidades y preferencias de los consumidores y, por otra parte, del cambio tecnológico que implica nuevos productos y, sobre todo, nuevos procesos de producción. Adicionalmente, los agentes económicos privados deben tener la certeza de que habrá un poder judicial independiente, imparcial, eficiente y expedito que protegerá los derechos de propiedad y garantizará el cumplimiento de los contratos.

La primera función es crucial para un proceso exitoso de desarrollo. Dado que los recursos son escasos, los poseedores de éstos deben tener la certeza legal de que podrán utilizarlos en aquella actividad, que sin atentar contra los derechos de terceros, permitan buscar la máxima tasa de rentabilidad posible dado que ello, a su vez, les permitiría generar el máximo ingreso para destinarlo a la adquisición de bienes de consumo que permitan satisfacer las necesidades de los miembros de la familia.

La segunda función, procurar la existencia de mercados que operen en competencia, permite, en principio, maximizar simultáneamente el bienestar de los demandantes y de los oferentes. Que los mercados operen en competencia evita la existencia de prácticas de extracción de rentas por parte de empresas con poder sustancial de mercado, mismas que dañan a todos los consumidores, pero con mayor intensidad a las familias más pobres que viven en las zonas más pobres.

Finalmente, se requiere tener un marco legal lo suficientemente flexible que permita el surgimiento de nuevos mercados. Como se señaló arriba, las preferencias y necesidades de las familias cambian en el tiempo y simultáneamente se desarrollan nuevos bienes y nuevos procesos de producción. Es la introducción de nuevas tecnologías de producción lo que permite un aumento en la productividad factorial total y, en consecuencia, el aumento en las retribuciones reales a los tres factores primarios de la producción: tierra, capital y mano de obra. Además, es el proceso continuo de invención e innovación de nuevos bienes, servicios y tecnologías de producción, lo que permite un aumento en el bienestar de las familias y una forma de verlo es en el incremento en la esperanza de vida y en su calidad. Así, mientras que en 1800, apenas iniciada la revolución industrial, la esperanza de vida era de 40 años, en la actualidad es de casi 80.

México, medido por el Producto Interno Bruto ajustado por paridad del poder de compra, es la decimosegunda economía más grande del mundo, pero nos situamos en el lugar 77 en el Índice de Desarrollo Humano porque las reglas no han sido eficientes. ¿Hacia dónde vamos al respecto con el gobierno que apenas inicia? Tema de los próximos artículos.

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Profesor de Economía, ITAM. Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.