El artículo de la semana pasada versó sobre la inevitable e inexorable necesidad de reformar el poder judicial. Ante el galimatías institucional que vivimos, el poder judicial se erige como el último bastión de la república, contrapeso involuntario de los excesos de la 4T —que no son pocos— y las garantías de los gobernados, fifís o no. Para bien o para mal, ése es su papel y éste es el tiempo que le tocó vivir al ministro Arturo Zaldívar en su mandato en la SCJN.

Para nadie es secreto que AMLO no tiene afinidad con la SCJN, muchas tensiones y percepciones condicionan la relación entre ambos poderes: i) el excesivo presupuesto para el poder judicial; ii) los abultados salarios, las jugosas pensiones y excesivas prestaciones de sus miembros; iii) los escándalos de corrupción, que incluyen depósitos millonarios en libras esterlinas del ministro Eduardo Medina Mora, y iv) resoluciones judiciales polémicas que afectan y afectarán el proyecto de la 4T, como el aeropuerto internacional, la ley de salarios máximos y las que vengan.

Nadie le discute a la 4T la urgencia de una renovación de las prácticas en la política, los vicios, privilegios y dispendios en todos los poderes y autoridades del estado mexicano. El poder judicial debe reformarse a sí mismo, pensando en la mejor forma de hacer justicia, debe simplificar, quitar formalismo y acortar los procesos judiciales; cambiar el sistema de botín político para nombrar a los miembros de la SCJN y CJF, sus miembros siempre rehenes de política; establecer una aplicación para las notificaciones judiciales, hoy verdaderos nidos de corrupción y burocracia; juicios en línea, sigue una largo etcétera de herramientas disponibles para modernizar en serio la impartición de justicia. ¿Por qué no se les ocurrirán a los reformadores de la 4T? no saben o no quieren.

Tenemos un poder judicial maduro, excesivamente conservador y muy profesional; se dice fácil, pero requirió más de un siglo construirlo. hay que aprovechar esas capacidades y no patearlos como perros finos en corral ajeno. La pregunta clave no es cuánto cuesta, sino cuánto mejora con todas las herramientas enumeradas; son mucho menos costosas que lo que tenemos hoy día. Seguro, muy seguro, que promoverán certeza a los ciudadanos, tanto en su integridad como en sus inversiones. Querido lector, hay que pensarle, qué tanto es tantito.

Eliseo Rosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.