La 4T pregona que con menos dinero se puede dar mejor justicia. Muy cuesta arriba el planteamiento. En el poder judicial, no hay una clara política anticorrupción.

El Poder Judicial aburguesado, alejado de la sociedad, ineficiente y burocrático es presa fácil de las descalificaciones y acusaciones de corrupción que AMLO y la 4T emiten. Una ola de reformismo judicial recorre al país, juristas de bolsillo pululan, analistas y legisladores leguleyos impulsan las reformas judiciales. Éstas sin buen tino versan sobre medidas de austeridad, así como disminuir o incrementar el número miembros en los cuerpos colegiados del poder judicial.

El modelo de la 4T expone, arrincona y aniquila; o estás con ellos o eres parte de una conspiración global. La mafia del poder tiene tentáculos en todo el universo. El poder judicial y los organismos constitucionales autónomos no han podido articular un antídoto discursivo frente a las arengas de AMLO y sus voceros. Hasta ahora, lo que hay en la mesa no es una reforma judicial, son reformas administrativas y financieras, diseñadas por contadores y legisladores leguleyos. Pretenden reformar con centavos al poder judicial, sin ponderar su función social y de garante de derechos humanos, patrimonio e inversiones públicas y privadas. No hay una propuesta decente para hacer rápida y efectiva la justicia; no enfocan sus baterías en los procedimientos jurídicos, en la accesibilidad de la justicia, en las tecnologías de la información, las condiciones laborales de los trabajadores, la seguridad personal e independencia de los juzgadores. La 4T pregona que con menos dinero se puede dar mejor justicia. Muy cuesta arriba el planteamiento. Por ejemplo, en el poder judicial no hay una clara política anticorrupción, pese a los esfuerzos del ministro Arturo Zaldívar por explicar los avances en la materia, no se le ve forma. En el poder judicial hay mucha exposición y poca propuesta.

Todo el país está igual, la institución encargada de combatir la corrupción, la Secretaría de la Función Pública, no tiene proyectos más allá de la inercia burocrática. los espacios clave para discutir y acordar los problemas anticorrupción (SNA) han sido abandonados. Su lugar ha sido ocupado por discursos ideológicos, amenazas y despidos. El poder judicial debe reformarse a sí mismo, no por leguleyos legislativos, ni por injerencias del ejecutivo. El centro de la reforma debe ser justicia y más justicia. No es un asunto de centavos. Hay cosas en las que vale la pena invertir. El gasto se justifica solo. Usted, jurisculto lector, tiene la última palabra.

Eliseo Rosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.