El viernes de la semana pasada, el Congreso de Estados Unidos anunció que ha llegado a un acuerdo en cuanto a la iniciativa de cambios regulatorios para el sistema financiero en ese país.

Debemos recordar que a finales de enero, el presidente Barack Obama envió una iniciativa con una serie de medidas muy agresivas diseñadas para restringir el tamaño de los bancos y la manera como la banca de ese país conduce sus negocios.

La propuesta original de Obama tiene sus raíces en el Glass-Steagall Act, una regulación implementada en 1933 a raíz del crack de 1929 y el comienzo de la Gran Depresión, que buscaba robustecer el sistema financiero y evitar la especulación y los conflictos de interés entre las instituciones financieras.

Esta regulación, en la cual se estableció el seguro a los depósitos (FDIC, por su sigla en inglés) y se prohibió a los bancos comerciales invertir en otras compañías financieras, como los bancos de inversión, estuvo vigente hasta 1999.

La abrogación de esta regulación fue un largo proceso de casi 20 años de cabildeo por parte de las instituciones financieras, la cual culminó en 1999 bajo el gobierno del demócrata Bill Clinton, pero bajo un Congreso republicano.

El espíritu de la iniciativa final es el mismo de la que presentó Obama en enero, limitar las actividades de las instituciones financieras para evitar la toma de riesgos desmedida, que llevó a la desestabilización del sistema financiero y a un costoso rescate por parte de los contribuyentes.

Sin embargo, la versión final de la iniciativa tiene diferencias importantes en comparación con la agresiva propuesta original, dando concesiones importantes a las instituciones financieras.

Entre las principales concesiones, los bancos podrán seguir invirtiendo parte de su capital en fondos de inversión propios (incluyendo hedge funds y fondos de capital privado) por hasta 3% de su capital básico. Asimismo, los bancos podrán seguir haciendo operaciones con la mayoría de los diferentes tipos de derivados, pero tendrán que pagar un impuesto de una sola vez con el cual el gobierno recabará 19,000 millones de dólares.

Sin embargo, la iniciativa mantiene algunas de las propuestas originales como aquella que prohíbe a los bancos mantener lo que se conoce como posiciones propias , es decir, las inversiones en diversos instrumentos y activos financieros que hacen los bancos por cuenta propia con dinero de sus tesorerías.

Por otro lado, la final no contempla una separación tajante entre la banca comercial y la banca de inversión. Por banca comercial se entiende como el negocio tradicional de intermediación financiera, es decir, recibir depósitos del público en general (individuos, empresas, gobiernos y otras instituciones) y otorgar préstamos a personas físicas y morales.

Mientras que la banca de inversión por lo general contempla otra serie de actividades más sofisticadas y complejas que va desde la simple compra y venta de activos financieros (acciones, bonos, commodities, derivados, etcétera) tanto para clientes como para posición propia de la institución; la asesoría en fusiones y adquisiciones de empresas; la colocación de deuda o capital en los mercados financieros; la bursatilización de activos, hasta la estructuración de complejas operaciones con derivados y otros instrumentos financieros.

A partir de la eliminación de la ley Glass-Steagall en 1999 se dieron una serie de fusiones entre bancos comerciales y bancos de inversión que resultaron en la creación de los grandes grupos financieros que dominan el panorama en la actualidad. Una separación tajante hubiera sido difícil y dolorosa para el sistema financiero.

Aunque la versión final de la iniciativa logra aliviar algunos de los principales focos de riesgo en el sistema financiero, tiene huecos importantes.

El primero es el tema de supervisión, ya que será altamente complejo establecer los mecanismos para controlar la inversión de posiciones propias y limitar la operación de algunos derivados como lo establece la iniciativa.

Asimismo, aunque la legislación está llena de incentivos para limitar la toma de riesgos, deja fuera el principal de todos los incentivos: el apalancamiento.

El apalancamiento excesivo fue la raíz de todos los problemas, incluyendo la toma de riesgos desinhibida por parte de los bancos y de los consumidores que crearon la gran burbuja de precios en el sector inmobiliario.