Me es muy triste ver cómo algunas personas que me escriben porque tienen problemas financieros lo hacen cuando ya están en una situación muy crítica: cuando están por perder su casa porque llevan varios meses sin pagar la hipoteca, tienen graves problemas con sus tarjetas de crédito o un familiar tiene una enfermedad grave y no tenía seguro de gastos médicos.

Ojalá lo hubieran hecho en etapas tempranas, cuando hay muchas alternativas a su alcance: cuando pueden activar el seguro de desempleo de su hipoteca y reorganizar sus finanzas personales para estirar lo más que puedan sus recursos, cuando empiezan a ver que sus deudas son mayores cada mes o simplemente para hablar de sus necesidades de protección, que en México es uno de los aspectos más descuidados de las finanzas personales.

Esto me hace muy difícil poder ayudarles, porque buscan soluciones cuando hay poco que se pueda hacer. Como si creyeran que un experto pudiera encontrar alguna respuesta “mágica” que les hiciera salir de su situación en un tris. No funciona así. Cualquier solución en la vida, no sólo en las finanzas personales, suele requerir mucho esfuerzo, constancia y disciplina. Puede llevar años salir de una situación complicada, pero se puede si uno realmente está dispuesto a hacerlo. En ocasiones se podría requerir una solución drástica, como por ejemplo vender el auto para pagar las tarjetas (y empezar a usar transporte público, lo cual implica un cambio importante en sus hábitos de vida).

El triste papel de instituciones y autoridades financieras

Las entidades financieras en México lamentablemente han sido cómplices en muchos casos, al entregar crédito de manera indiscriminada. Hace tiempo escribí sobre una persona que era directiva de su empresa y ganaba muy bien. Con todo y ello, tenía seis créditos abiertos, todos en el mismo banco, que totalizaban una deuda de más de millón y medio de pesos: dos tarjetas distintas, un crédito automotriz, dos créditos de nómina y un préstamo personal.

Es cierto que esta persona era responsable de su propia realidad, eso no lo podemos negar. Él decidió tomar los préstamos que le ofrecían y se gastaba el dinero. Lo enfatizo nuevamente: el primer paso para cambiar nuestra realidad es hacernos responsables de nuestros propios actos y no intentar culpar a los demás de nuestros errores (bancos, cajas de ahorro, la recomendación de un amigo, etcétera).

Pero en casos como éste no podemos negar que hay una cierta complicidad. ¿Cómo es posible que el banco, conociendo la capacidad de pago de su cliente, le haya autorizado y ofrecido créditos que claramente la rebasan, por mucho?

Ahora bien, en general cuando uno trata de acercarse a los bancos para buscar una reestructuración, pocas ofrecen alternativas. Muchos llegan al punto de sugerirle al cliente que deje de pagar, para que entonces su área de cartera vencida los contacte y les ofrezca un arreglo de pago (con las consecuencias que dejar de pagar implica: altísimos “gastos de cobranza”, intereses moratorios adicionales y nota negativa en Buró de Crédito, entre otras).

Tristemente, esos mismos bancos, en países más maduros y desarrollados, con un entorno regulatorio distinto, se comportan de manera muy diferente. La gran mayoría ofrece opciones que permiten a los clientes seguir cumpliendo con sus pagos, ya sea alargando el plazo o incluso disminuyendo la tasa de interés (posible en tarjetas de crédito, por ejemplo). De esta forma evitan dolores de cabeza, para ambas partes. Sé que son mundos y realidades muy distintas; aun así, la manera como aquí se manejan es lamentable.

Las autoridades financieras desafortunadamente no se quedan atrás: suelen actuar de manera tibia para frenar abusos. Cuando detectan actividades ilegales se limitan a emitir “alertas”, pero no las cierran ni persiguen a los responsables. Podría listar una enorme cantidad de ejemplos, pero no es el propósito ni el tema principal de este artículo.

Cambiar nuestra relación con el dinero

Para evitar o salir de problemas financieros, definitivamente necesitamos cambiar nuestros paradigmas y nuestra relación con el dinero. Eso suele implicar modificar ciertos hábitos y creencias, que a veces usamos como pretextos.

Casi todas las personas que están muy endeudadas, de todas las clases sociales, me dicen que tienen que recurrir al crédito porque lo necesitan. Porque tienen necesidades que cubrir o porque el dinero no les alcanza. Muchas veces viven en un nivel de vida superior al que realmente pueden pagar y eso no puede durar para siempre. ¿Cuántos mexicanos pensaban “no pasa nada” y perdieron su casa en un terremoto este año? Tenemos que cambiar esa manera de pensar.

Te invito a visitar mi página: http://www.PlaneaTusFinanzas.com, el lugar para hablar y reflexionar sobre finanzas personales. Twitter: @planea_finanzas

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com