Durante las pasadas semanas he tenido el honor de platicar con algunas de las principales voces de referencia de la industria de telecomunicaciones de América Latina, incluyendo obviamente a conocedores del ecosistema digital mexicano.

Las charlas, bastante distendidas, tenían como objetivo mencionar de forma confidencial cuales son los principales desafíos que enfrenta una región que lleva años en desaceleración económica, está atravesando el resurgimiento de liderazgos populistas en todas sus variantes políticas y, para completar, se encuentra sumergida en la peor pandemia que azota a la región en más de cien años.

Obviamente, ante tanta pluralidad de voces oriundas de geografías disimiles es de esperar encontrar más de una diferencia al momento de reflexionar de la región. La realidad me enfrentó a una visión regional repleta de conclusiones demasiado similares para dejarlo a la casualidad.

Aún recuerdo aquella voz irreverente, desde el sur, declarando que uno de los grandes problemas de la industria de telecomunicaciones es que vivimos en una región donde lo que gusta son las enfermedades y no los tratamientos. Fuertes palabras bajo el contexto actual, pero que son explicadas de forma bastante sencilla: “hace tres décadas que sabemos cuál es el diagnóstico, que está mal con las telecomunicaciones y las TIC. Preferimos contratar el mismo estudio cada 12 – 18 meses para hacer las mismas preguntas y obtener los mismos resultados. Nadie quiere enderezar el camino y comenzar a implementar soluciones”.

Que triste es la mirada hacia adentro de esta América Latina cuando las voces, de quien se supone mejor la conocen, son tan lapidarias.

Tratando de brindar un cambio a lo tradicional, a la histórica separación impuestas por las crecientes brechas digitales, se me ocurre preguntar acerca de las respuestas gubernamentales a la presente pandemia. Como si saliera de Comala, una voz ronca de cansancio aclara: “hay ahora una política en México donde cualquier empresa que exista en este país es mala para el pueblo, seguramente los estamos asaltando, les estamos quitando todos sus derechos,” en lo que era una obvia queja a la negación de buscar alternativas a los problemas consultando a quienes están siendo afectados por ellos.

Este cansancio lo comparten en otros lugares quienes dicen, acabo de leer un estudio muy interesante que me ha actualizado de quienes son los protagonistas nuevos del mismo viejo problema. Igual, “el problema va más a allá de quienes hacen los estudios. Aquí las telecomunicaciones no han sido prioridad para ningún gobierno, ni para el presente ni para los pasados. Cada vez que llega una nueva administración presidencial es comenzar de cero”. Tal vez por eso siempre se escriben los mismos diagnósticos para los mismos problemas sin que se tomen acciones, simplemente se les terminó el tiempo.

Finalmente, se habla de las empresas en este mundo del coronavirus y el peligro que puede representar el no adoptar una visión sensata en términos de compensación por servicios. Lograr un equilibrio en el que el proveedor de servicios de telecomunicaciones sea viable financieramente y los usuarios no sean desconectados de sus servicios. Ejemplos regionales que van desde la eliminación de impuestos, creación de planes de pago más flexibles y hasta la creación de esquemas donde se traslada al cliente a planes de menor costo fueron mencionados.

Tristemente, una de las voces provenientes de la gran Tenochtitlán contribuía a este tema con tono resignado: “la resistencia del gobierno a dar apoyo o estímulo a las empresas sigue estoica, irracional, con oídos sordos, precisamente porque no entiende la mecánica de esta cadena que acabamos de describir”.

Ante estas y muchas otras reflexiones de los conocedores de la región, simplemente me queda seguir trabajando para que los diagnósticos sirvan para planear implementaciones y no para inspirar columnas vacías del experto de turno.