Un día después de que Uganda promulgó leyes más duras en contra de la homosexualidad, un tabloide (Red Pepper) publicó en su portada una lista de 200 personas presumiblemente homosexuales.

¿Se imagina que un periódico sensacionalista en México publicara en primera plana la preferencia sexual de 200 personalidades en nuestro país? ¿Y que ser homosexual fuera un delito grave? ¿Cuál sería nuestra reacción?

La ley en cuestión, introducida inicialmente en el 2009, originalmente incluía la pena capital para algunos actos homosexuales. Fue archivada en un cajón cuando Gran Bretaña y otras naciones europeas amenazaron con retirar los recursos destinado a asistencia a ese país.

El Congreso aprobó la iniciativa en diciembre pasado, sustituyendo la pena de muerte con cadena perpetua por delitos de homosexualidad agravada (cuando una persona es contagiada de VIH, por ejemplo). La iniciativa también incluyó la pena de prisión para cualquiera que aconseje, represente o tienda la mano a homosexuales.

La norma aprobada contempla condenas de cadena perpetua para quienes mantengan relaciones sexuales reiteradas con personas del mismo sexo y los matrimonios entre individuos de esos colectivos, y sentencias de entre cinco y siete años de prisión para quienes se considere que promueven esas relaciones, entre otras conductas.

Uganda no es una excepción en su continente. La homosexualidad es ilegal en 38 países africanos. Estas naciones cuentan con leyes contra la sodomía desde la época colonial. En Uganda, por ejemplo, los actos homosexuales eran castigados con 14 años de cárcel a cadena perpetua antes de que la nueva ley fuera aprobada.

Esta ley contra la homosexualidad viola las garantías básicas y podría fomentar la discriminación, el acoso y la violencia en contra de las minorías sexuales. La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos ha condenado la ratificación de la norma que hizo este lunes el presidente Yoweri Museveni.

Esta nueva disposición alienará a todos aquellos grupos de defensores de derechos humanos y otros grupos que pretendan ofrecer servicios a homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgénero.

Con las tasas de infección de VIH en aumento en Uganda, la ley tendrá un impacto negativo en los esfuerzos por prevenir la trasmisión y facilitar tratamiento a los pacientes con ese virus, y va en contra del principio de proveer acceso a servicios de salud sin distinción.

ONUSIDA calcula que en el 2012 había un millón y medio de personas viviendo con el VIH en Uganda y se registraron 140,000 casos nuevos.

Con la nueva ley se elevará la barrera de acceso a pruebas de VIH y programas de prevención y tratamiento. Se puede prever un incremento en el número de casos, lo que agrava el problema de salud pública que ya se vive en esa nación africana.

La desaprobación de la homosexualidad por parte de algunos (aunque sean muchos) nunca puede justificar que se violen los derechos fundamentales de otros (aunque sean pocos).

Un informe del 2013 del Pew Research encontró que 96% de los ugandeses cree que la sociedad no debe aceptar la homosexualidad (CNN). Aun cuando la mayoría sea tan amplia, aquellos que promovieron, aprobaron y ratificaron la ley lo hicieron en violación de las garantías de la minoría.

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