Estamos por entrar al invierno y la preocupación de los mercados está concentrada en lo que podría ser una cuarta ola de contagios del Covid-19 que pudiera afectar la recuperación que hemos observado en la economía más grande del mundo, la cual es motor de crecimiento y arrastre de otras economías, particularmente la nuestra

El famoso “Black Friday” en el que los comerciantes norteamericanos ofrecen grandes descuentos en sus productos para atraer a los compradores, este año se convirtió en “Red Friday” para los mercados, los cuales se pintaron de rojo en todos sus tableros en medio de un entorno muy complicado en el que el crecimiento económico es amenazado por una nueva mutación del Covid-19 y fuertes presiones inflacionarias.

Estamos por entrar al invierno y la preocupación de los mercados está concentrada en lo que podría ser una cuarta ola de contagios del Covid-19 que pudiera afectar la recuperación que hemos venido observado en la economía más grande del mundo, la cual es motor de crecimiento y arrastre de otras economías, particularmente la nuestra.

Es precisamente en este entorno en el que se ha detectado la aparición de una nueva variante del virus que ha afectado la economía global: Ómicron.

Esta nueva variante ha sido clasificada por la Organización Mundial de la Salud como una a la que hay que ponerle especial atención, la cual se ha originado en África y aparentemente es altamente contagiosa, mucho más agresiva y letal que las variantes anteriores y la cual podría ser inmune a las vacunas actuales.

Aparentemente ya se han registrado casos en Europa generados por viajeros provenientes de África, lo que automáticamente generó que varios países como Estados Unidos, cerraran sus fronteras a vuelos provenientes de ese continente.

Es precisamente el cierre de fronteras y la disminución de la actividad económica con el objetivo de tratar de disminuir los contagios a nivel global, lo que provocó que se desarticularan las cadenas de suministro generando hoy fuertes presiones inflacionarias en un entorno en donde en consecuencia, el crecimiento económico también se ha visto limitado, y en algunos casos como es el de México, que ya estemos presentando síntomas de contracción económica, lo que alienta la expectativa de un escenario de estanflación. Es decir, presiones inflacionarias sin crecimiento económico.

Lo anterior generó que se dispararan automáticamente las órdenes de venta en los pisos de remates el viernes pasado, en medio de una sesión reducida por el feriado de Acción de Gracias en Estados Unidos, reacción que no perdonó a ninguno de los mercados, y así vimos caer estrepitosamente las tasas de interés, al dólar frente a las principales divisas y fortalecerse frente a las monedas de los países emergentes, vimos caer fuerte el precio del petróleo y de otras materias primas como fue el caso de los granos y metales preciosos, y por supuesto, a las bolsas accionarias.

A lo largo del fin de semana, apareció nueva información en la que algunos expertos informaron que quizá esta variante sea altamente contagiosa, pero para nada letal, en donde incluso los síntomas podrían ser iguales a los de un simple catarro, mientras que la farmacéutica Pfizer anunció que su vacuna sí podría hacerle frente a Ómicron.

Habrá que estar pendientes de lo que se vaya publicando esta semana al respecto, pero lo que es un hecho, es que los mercados están muy sensibles ante cualquier noticia relacionada con la pandemia y listos para reaccionar ante cualquier cambio.

También es un hecho que una variante inmune a las vacunas actuales que se tradujera de nueva cuenta en cierres de fronteras con afectaciones al comercio global, tendría muy graves consecuencias para la economía mundial y obligaría a los bancos centrales a revisar su estrategia.

Por lo pronto en México, el peso perdió terreno frente al dólar en siete ocasiones consecutivas y lo llevo a rebasar niveles de 22 pesos el viernes en la madrugada, las tasas de interés cayeron y las bolsas hicieron lo propio, en un escenario en donde la inflación anualizada publicada por el Inegi se ubicó en 7.05%, el nivel más alto en los últimos 20 años.

Como pueden apreciar, la situación se antoja bastante complicada ya que un nuevo cierre de la actividad económica sería desastroso. Los gobiernos tendrán que encontrar un balance muy fino entre la protección de la salud de las personas y por supuesto el de las economías.

La economía global no aguanta más cierres, y tampoco la de las personas.

aga@gamaa.com.mx