Una de las frases favoritas del Presidente para describir esta fase de recuperación económica es que vamos por el camino correcto. Lo cual es comprensible si se concibe en este país al Presidente de la República como el capitán del barco.

Es un hecho que muchos indicadores de la actividad económica de México han tomado un mayor dinamismo. Entre los mejores repuntes está la actividad industrial y entre los más festejables, el aumento en el empleo.

Es también cierto que por ahora hay como acompañamiento un nivel de inflación con tendencia a estabilizarse, que no es lo mismo que una inflación baja, lo que le da estabilidad al precio del dinero.

Hay una recuperación en la paridad por la entrada de recursos a los mercados financieros. Hay una percepción estable entre el riesgo de la economía y la posibilidad de obtener rendimientos atractivos.

Esto es parte de lo que sí hay. Pero en cambio, hay muchas carencias que pueden demostrar con mucha facilidad que México está muy lejos del ansiado camino correcto.

De entrada, las tasas de crecimiento que empezaremos a ver, a partir de estos meses por venir, tienen su punto de comparación en los peores años de la historia económica mexicana.

Desde la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado, México no conocía una caída económica de 12% como la que ocurrió durante el segundo trimestre del año pasado.

Entonces, cuando el dato de este trimestre se compare con el del año pasado, evidentemente que la cifra podría resultar escandalosamente elevada, lo que seguro llevará a cacarear el dato con una enorme intensidad a las autoridades.

Además, los datos económicos que se publiquen por ahí de junio y que comparen la actividad económica de abril y mayo de este año con esos dos meses del año anterior, serán electoralmente presumibles.

No habrán muchos recordatorios oficiales de que se trató de los meses de Semana Santa e influenza AH1N1.

No, habrá un enorme despliegue propagandístico para repetir que este gobierno está cumpliendo con la fase de la recuperación económica.

Y la verdad es que eso no está mal. Los opositores abusaron de la caída económica del mundo para denostar al gobierno de un Presidente panista.

Fueron lo suficientemente mezquinos como para ignorar la condición mundial y echarle la culpa a una sola persona, a un solo gobierno. Bien, pues va de vuelta la respuesta con una sopa de su mismo chocolate.

El error está en querer convencer a la sociedad que éste es el camino correcto. Que estamos haciendo exactamente lo que debemos como país, para aspirar a mucho más. Eso es totalmente falso.

El camino correcto no pasa por estos temores que arroja la inseguridad del país. La llamada guerra contra el narcotráfico ha dejado como rehenes del fuego cruzado a los ciudadanos.

La ruta adecuada no transita por un Congreso paralizado, secuestrado por los intereses de algunos integrantes de los partidos políticos, que no tienen el más mínimo pudor de ponerle un freno a todo un poder, con tal de evitar que un acierto político pueda ser capitalizado por sus adversarios.

El buen camino no tiene nada que ver con los niveles de tolerancia a la corrupción e ilegalidad que privan en México y su sociedad. No pasa por la permisividad social a los tramposos y la admiración a los que consiguen las cosas chuecas, por ser los aguzados del cuento nacional.

Entonces, sí hay una recuperación y es notoria, es real. Tiene que ver con mucho de lo que en el terreno financiero se hizo desde la crisis de mediados de los 90. Tiene que ver con la disciplina fiscal que reinó en este país durante el sexenio pasado.

Y sobre todo, tiene que ver con que la locomotora que jala esta economía dependiente, se está moviendo con más vigor del esperado y eso nos conviene.

El camino correcto en México está muy lejos de la brecha de terracería que nos ha impuesto la clase política mexicana.

El camino pavimentando de carriles de concreto y de alta velocidad no tiene siquiera cimientos en México. Es un anhelo que hemos visto como otros sí pueden construir.

El camino correcto se va a topar con la realidad de la siguiente crisis mundial: fiscal, inflacionaria, financiera o comercial y nos volverá a mostrar nuestras vulnerabilidades.

Pero siempre habrá un discurso salvador que nos diga que es pasajero y que en poco tiempo tendremos frente a nosotros, ahora sí, el camino correcto.