Se perfila el 2016 muy complicado.

La semana pasada la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) anunció una serie de medidas concretas para reducir el gasto público de este año en 124,300 millones de pesos, recorte equivalente a 2.6% del gasto neto total de la federación y a 0.7% del Producto Interno Bruto (PIB). Esta decisión se toma en un contexto en el cual todo indica que los precios del petróleo han entrado a un nueva etapa donde se mantendrán, por un tiempo considerable, lejos del nivel de 79 dólares por barril pronosticado en el Presupuesto de Egresos de la Federación elaborado a finales del año pasado.

En nuestra edición de principio de año sobre perspectivas económicas para México, mencionamos que nuestro país enfrentaba tres incógnitas importantes que podrían impactar de manera considerable los estimados de crecimiento: i) ¿cómo responderá la demanda interna en el segundo año de la reforma fiscal?, ii) ¿cuál será el impacto de la caída en los precios del petróleo en la economía?, y iii) ¿cómo responderá la economía mexicana a la normalización de tasas en Estados Unidos?

En ese momento, mencionamos que todo parecía indicar que durante el 2015 el gobierno no tendría que hacer ajustes mayores al gasto derivado de la caída en el precio del petróleo, debido a la presencia de ciertos amortiguadores -como las coberturas, la depreciación del peso frente al dólar y el arbitraje positivo en la importación y venta de gasolina-; sin embargo, enfatizamos que el 2016 se perfilaba como un año mucho más complicado para las finanzas públicas donde forzosamente tendría que haber una reducción más drástica del gasto público.

Ante esta situación, el gobierno parece haber tomado el camino más prudente para empezar con un recorte gradual desde el 2015 que seguramente será seguido por un ajuste adicional en el 2016. El ajuste está concentrado principalmente en reducciones en Pemex y en el gasto corriente del gobierno federal, que representan 50 y 27% del recorte total, respectivamente.

El ajuste en el gasto también implica una reducción en el gasto de inversión (equivalente a 15% del monto total del recorte) que incluye la cancelación de algunos proyectos de infraestructura, como el Tren Transpeninsular en Yucatán, y posponer otros como el tren México-Querétaro. Estos proyectos, además de requerir sumas importantes en inversión de capital, requerirían un monto importante de gasto corriente para subsidiar las pérdidas estimadas durante por lo menos sus primeros años de operación.

De acuerdo a la SHCP, el recorte, por su magnitud y naturaleza, tendrá un impacto limitado sobre el crecimiento del PIB para este año, por lo que mantuvo su rango estimado en 3.2-4.2 por ciento. Sin embargo, está claro que aunque el recorte no es muy drástico, es probable que la mayoría de los economistas del sector privado ajusten sus estimados de crecimiento y que el promedio, que de acuerdo a la encuesta más reciente del Banxico se ubicaba en 3.2%, se encuentre por debajo del rango establecido por la SHCP.

Aunque la noticia del recorte no es buena en términos de crecimiento, es una medida necesaria que manda una señal correcta en términos de disciplina fiscal y finanzas públicas.