Para el ejercicio fiscal del 2000, último de la gestión del presidente Zedillo, el presupuesto federal fue de 1.1 billones de pesos. Actualizado por inflación a esta fecha (80.49%), este presupuesto sería hoy de 1.98 billones; sin embargo, el gasto programado para el 2015 fue de 4.6 billones de pesos.

Esto significa que en 15 años hemos duplicado en términos reales el gasto del gobierno (y, en esa medida, los impuestos), sin que hayamos sido capaces de reducir los índices de pobreza o generar crecimiento económico por la vía presupuestal; es decir, el gasto no ha servido para redistribuir el ingreso, ni tampoco hemos duplicado la infraestructura nacional. Lo único que ha crecido es el aparato estatal y los empleos públicos correspondientes. Pero esto, lo sabemos, no genera riqueza, sino que la absorbe para su manutención.

Del total del ingreso nacional, la renta petrolera ha representado tradicionalmente una cuarta parte. La caída abrupta de los precios del petróleo obliga -ahora- a recortar el gasto público, siendo que dicha previsión se debió tomar hace mucho tiempo, máxime cuando constatamos a diario dispendio y opacidad en el ejercicio presupuestal en los tres niveles de gobierno. Justo ahora que se están afilando las tijeras, y resultando más barato por docena, proponemos lo siguiente:

1. Eliminar el financiamiento público a los partidos políticos: que se mantengan y financien de sus militantes, adherentes y simpatizantes. Así pasa en otros países. 2. No gastar en armas y municiones para equipar a las autodefensas rurales. 3. Ni un centavo a la empresa anunciada por Martín Esparza para recontratar a ex trabajadores de Luz y Fuerza. 4. Evitar el pago de asesorías al despacho de César Camacho Quiroz, que terminan beneficiando a Patek Philippe. 5. Congelar sueldos de plazas abandonadas por chapulines. 6. Eliminar el excesivo gasto en publicidad en obras de los gobiernos federal, estatales y municipales (incluyendo medios electrónicos, periódicos y cajas de televisores analógicos). 7. Reducir el presupuesto electoral; es insostenible que el INE cueste este año lo que la UNAM. Tan sólo emitir credenciales que ya no digan IFE costará 20,000 millones de pesos. Insostenible. 8. Descontar a gobiernos locales el costo de eventos tan estúpidos como el de regrésale la bofetada al gobernador Velasco, y otros verdaderamente inútiles como invertir en equipos de futbol. 9. Revisar políticas públicas en el combate a la delincuencia, tales como la legalización de la mariguana, con el fin de parar el incesante gasto en armamento para una guerra que suma decenas de miles de muertos y no parece tener fin. 10. No otorgarle al IFAI el incremento solicitado este año de 280 millones de pesos, incluyendo gastos de representación para evitar que algunos comisionados se embriaguen y pretendan conquistar a sus subordinadas. Lamentable. 11. Descontar a gobiernos locales y entidades federales y locales que abiertamente permiten a grupos de vándalos delinquir y tomar vías y edificios públicos, como en Oaxaca, Guerrero y el Distrito Federal. 12. Descontar efectivamente los sueldos de maestros faltistas y reinvertirlo en escuelas que no cuentan con infraestructura.

La falta de espacio impide enumerar otras tantas, pero llevamos varios miles de millones de pesos.