La refinería de Dos Bocas fue presentada por el gobierno federal como la única alternativa para recuperar nuestra soberanía energética y reactivar económicamente los marginados estados del sureste mexicano. Sin embargo, la realidad es que su construcción se ha vuelto más bien un capricho político que no le da la importancia ni a los estudios técnicos ni a las recomendaciones de los expertos. Estoy convencida de que, si queremos darle valor a la empresa petrolera de los mexicanos, se tienen que hacer bien las cosas, trabajando de la mano de los especialistas, la sociedad civil organizada y los empresarios; siempre con procesos abiertos, transparentes y apegados a la legalidad; de lo contrario, esto se podría convertir en la receta perfecta para un desastre.

Como diputada federal y tabasqueña, le he dado un puntual seguimiento al tema de la refinería; sin embargo, he notado que lo que está sucediendo hoy en México parece reflejar en gran medida la trama de la serie popular de HBO Chernobyl. En la serie, vemos cómo una de las peores catástrofes provocadas por el hombre se debió, en gran parte, a las mentiras promulgadas por un gobierno más preocupado por limpiar su imagen que proteger a sus propios ciudadanos, haciendo caso omiso a las recomendaciones de expertos e imponiéndose sobre la verdad y la seguridad.

Hay mucho que aprender de esta historia, misma que pone en el centro de la discusión las consecuencias de la avaricia y de la opacidad de información. Por eso me preocupa la #Transparencia color chapopote con la que se han iniciado los trabajos de la refinería de Dos Bocas, la cual aún no cuenta con los estudios necesarios. Es irrefutable que, abusando de “la buena intención” del presidente de apoyar a los tabasqueños, la secretaria Rocío Nahle y Octavio Romero lo mantienen engañado, asegurando que todo se está realizando conforme a la legalidad.

Ejemplo de ello es el reciente estudio de impacto ambiental que difundió el Instituto Mexicano del Petróleo. Si observamos con detenimiento, en éste podemos ver cómo Pemex reserva de manera irresponsable información importante relacionada con los riesgos de inundación del terreno, así como con el impacto negativo que ésta puede tener sobre el ecosistema de la región.

Paraíso cuenta con una enorme riqueza en biodiversidad y forma parte del corredor biológico de manglares del golfo de México. Ahí se albergan especies de manglar catalogadas como amenazadas y diversos animales en peligro de extinción, como las nutrias y los manatíes, los cuales prácticamente han desaparecido en lagos y ríos por la constante presencia de materiales tóxicos de la industria petrolera.

Además, el riesgo de derrochar recursos públicos persiste y sigue avanzando sin contar con los estudios necesarios, por tanto, es probable que diversas organizaciones soliciten una suspensión de la misma, como ya sucedió con el aeropuerto de Santa Lucía. La transparencia es el escudo contra la incertidumbre, y es nuestra responsabilidad como ciudadanos asegurarnos de que ésta sea una realidad.

Por eso celebro que, recientemente, el INAI unánimemente resolvió a mi favor un recurso de revisión para corregir la negativa de Pemex a revelar el caso de negocios de este proyecto. Sin duda, esto reafirma la razón de ser de los órganos autónomos como contrapeso del Ejecutivo federal y una herramienta muy valiosa para acceder a la información por parte de los ciudadanos.

Es hora de que los funcionarios federales actúen con inteligencia; escuchando a los expertos y dejando de politizar un tema que es sumamente técnico y especializado. Las decisiones de política pública obligadamente deben ser responsables y suficientemente informadas, ya que, tal y como nos enseñó la historia de Chernobyl, ésa es la única receta para evitar los desastres.

@PerezSoraya

SorayaPérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.