La reducción de la calificación crediticia a Pemex se produce a pesar de los muy importantes apoyos brindados por el Gobierno Federal: ¿Por qué?

En los manuales de teoría económica podemos leer que los monopolios generan ganancias extraordinarias, precisamente en razón de que explotan su condición de productor único.

Sin exageración, el caso parecía la crónica de una muerte anunciada. Todo hacía indicar que la reducción de la calificación crediticia de Pemex solo era una cuestión de tiempo y ese desenlace se concretó el día de ayer por parte de la calificadora Moody’s.

La reducción de la calificación crediticia de Pemex por parte de Moody’s, se produce a pesar de los muy importantes esfuerzos desplegados por el Gobierno Federal para ayudar a la empresa a enfrentar sus problemas financieros. Para el presente 2021, ya se anunció una reducción de impuestos a Pemex por 3,500 millones de dólares y la inyección de otros 6,500 millones para enfrentar vencimientos de deuda. Sin embargo, a pesar de esas ayudas tan generosas, de todas maneras, Moody’s le rebajó la calificación a la petrolera: ¿Por qué?

La posible explicación reside en que esas acciones de apoyo no van al fondo de los problemas que tienen postrado a Pemex. De manera irrefutable, Moody’s explica el gran riesgo de negocio que gravita sobre Pemex por su incursión creciente en el negocio de refinación, rubro en el cual las pérdidas en el trienio 2018-2020 ascendieron a 17,000 millones de dólares. En ese sentido, cabe preguntarse en qué monto se incrementarán esos quebrantos cuando entre en operación la nueva refinería de Dos Bocas.

En los manuales de teoría económica podemos leer que los monopolios generan ganancias extraordinarias, precisamente en razón de que explotan su condición de productor único. Sin embargo, en el caso de Pemex se enfrenta la realidad de un monopolio que genera inmensas pérdidas y esta prácticamente en quiebra. La explicación a esa aparente paradoja reside en que por décadas Pemex ha venido siendo ordeñada por cuatro poderosas fuerzas saqueadoras, entre las cuales ha estado, desde luego, el régimen fiscal que le es aplicable a la empresa estatal.

No obstante, y este es el punto a destacar aquí, ese régimen tributario solo ha sido una de las fuerzas de saqueo. La restantes tres, muy poderosas, ni siquiera han sido amenazadas por la actual administración: el robo de combustibles que sangra a Pemex, la carga de un sindicato corrupto, presupuestófago y productívoro, y el contubernio saqueador de altos funcionarios en colusión con los líderes sindicales. Solo a guisa de ejemplo, no se ha sabido de una sola banda de huachicol que haya sido capturada durante el sexenio.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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