El riesgo de una pandemia siempre está latente. Recuerdo haber escuchado en Davos hace unos años, un panel muy interesante en el que Bill Gates, el presidente del Banco Mundial, y la directora general de la Organización Mundial de la Salud, entre otros líderes, advertían sobre lo vulnerables que somos los seres humanos ante el eventual surgimiento de un virus que, saliéndose de control, pudiera provocar una pandemia.

Cualquier pérdida humana a causa de la enfermedad que sea, siempre es lamentable. Si bien es cierto que el coronavirus está causando muchas muertes y la alerta en varios países asiáticos sigue al alza, si las cifras que conocemos sobre el número de pacientes contagiados y los decesos, son reales; el riesgo de una pandemia aún no es tan alto.

Cada año mueren miles de personas en todo el mundo a causa de otras enfermedades. Algunas estimaciones rondan entre 290,000 y 650,000 personas que llegan a perder la vida por complicaciones respiratorias ocasionadas por algún tipo de influenza. Estas cifras aún están muy por debajo de las muertes provocadas hasta el día de hoy, por el coronavirus.

Por sus características y la forma en que se produce el contagio, no se puede ni debe desestimar el riesgo de una propagación mayor y más rápida en cualquier momento. El problema radica en qué tan verídica o no es la información que nos llega, en qué tan cierto es lo que los gobiernos informan y hacen para responder a una emergencia de esta naturaleza y si realmente están preparados para una contingencia mayor.

En el caso de México, no sólo preocupa la ineptitud de quienes hoy toman decisiones que ya afectan las vidas de millones de mexicanos por las deficiencias y falta de medicamentos en los hospitales públicos. Cuando la prioridad de las políticas públicas no es salvar ni defender la vida y mucho menos respetar la dignidad humana porque todo se basa en cálculos político-electorales, cualquier desgracia es posible y previsible.

Para México resulta muy peligroso un escenario en el que el coronavirus empezara a propagarse porque, hasta hoy, toda la evidencia nos muestra que el gobierno no tiene capacidad de respuesta, ni logística, ni voluntad, ni intención de poner la salud pública como prioridad, aun cuando las necesidades son tantas y tan grandes.

Ante este riesgo latente, tenemos que ser realistas sin caer en el pánico. La exigencia al gobierno tiene que ser contundente para que sea previsor ante cualquier escenario y asuma su responsabilidad de cara a todos los mexicanos que tenemos derecho a la atención médica y a cualquier tipo de tratamiento que sea necesario.

Como ciudadanos debemos hacer nuestra parte, evitando difundir noticias sin fundamento o falsas alarmas. Tenemos la responsabilidad de informarnos, de actuar con prudencia, prevenir cualquier posibilidad de contagio desde medidas de higiene personal y evitar caer en pánico.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.